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sábado, 27 de marzo de 2010

Sombrero

Es curioso como algo tan simple como un sombrero puede cambiar no sólo tu imagen sino también tus gestos...

Ayer por la tarde el viento soplaba con bastante fuerza mientras volvía a casa, y al cruzar el río me descubrí sujetándome el sombrero con la mano derecha en un gesto que miles de hombres deben de haber hecho instintivamente antes que yo a lo largo de los siglos.

Hat(*)

De repente, me sentí formando parte de un grabado de los de principios del siglo XX.

(*) En realidad, no estoy seguro de si mi sombrero es una fedora o un trilby. ¿Vosotros qué creéis?

sábado, 11 de julio de 2009

El viaje

(*)

(*) Ismaël Lô - Tajabone

sábado, 30 de mayo de 2009

Missing you...

Desde que me separé de ti te he estado echando de menos. Es curioso, ¿verdad? Antes de conocerte ya esperaba que me ibas a gustar mucho, pero jamás pensé que la atracción llegaría a hacerme extrañarte desde la distancia.

Últimamente el anhelo que estuvo ahí todos estos meses se está convirtiendo en una punzante añoranza a la que no parezco encontrar remedio...

Missing You

¡Malditas series tontas americanas!

miércoles, 6 de mayo de 2009

1993 - 2009

Ya no volverás a esperar a que todos nos hayamos sentado a la mesa a comer para querer salir a la terraza.

Ya no volverás a quedarte dormida en posiciones imposibles.

Ya no volverás a seguir en la distancia a quien está barriendo la casa para comprobar que lo hace bien.

Ya no volverás a levantar la cabeza y a cerrar los ojos cuando te rasco bajo la barbilla.

Ya no volverás a perseguirme los pies cuando voy en zapatillas.

Ya no volverás a correr en círculos por la casa en tus cinco minutos diarios de locura, del comedor a la terraza, a la habitación, al pasillo, al comedor...

Ya no volverás a llamar desde la puerta a quien acaba de salir a bajar la basura.

Ya no volverás a mostrarnos esa mirada socarrona en tus ojos amarillos, como si ya estuvieras de vuelta de todo.

Grisona01

Ya no volverás a pedir que alguien te abra el grifo del lavabo para beber agua.

Ya no volverás a lamernos las puntas de los dedos con tu lengua, rasposa y suave a la vez.

Ya no volverás a recibirnos con maullidos de protesta cuando volvemos a casa después de dejarte sola uno o dos días.

Ya no volverás a restregar tu cabeza por mis rodillas cuando me agacho para saludarte, reconociéndome cada vez que vuelvo a casa y marcándome una vez más como tu propiedad.

Ya no volverás a soltar bufidos amenazantes a los invitados que intentan hacerte fiestas y acariciarte el lomo.

Ya no volverás a esconder las patitas bajo tu cuerpo cuando tienes frío.

Ya no volverás a adivinar la intención de mi madre ni correrás a esconderte bajo la cama antes de que te meta en la bañera.

Ya no volverás a meterte dentro de las bolsas de papel ni a asustarte de las de plástico.

Grisona03

Ya no volverás a pedirnos comida, discreta, dándonos con la patita blanda en el brazo mientras estamos comiendo.

Ya no volverás a salir a inspeccionar el rellano, la parte más misteriosa de tu mundo de cuatro paredes.

Ya no volverás a tenernos a todos en vilo paseándote tranquilamente por la barandilla del balcón.

Ya no volverás a caerte al patio de luces desde el tercer piso para hacerte sólo un rasguño en el morrillo.

Ya no volverás a dejar finísimos pelos de color gris en toda nuestra ropa.

Ya no volverás a liar una auténtica batalla campal cada vez que te llevamos al veterinario o cuando éste viene a casa.

Ya no volverás a quedarte dormida encima de nuestras chaquetas justo cuando tenemos que salir de casa.

Ya no volverás a preocuparnos a todos con los achaques de la edad y la mala salud de tus riñones.

Grisona02

Ya no volveré a maravillarme de la suavidad de tu pelo al acariciarte ni me volverás a responder con tu ronroneo agradecido.


La próxima vez que baje a mi casa, a Tarragona, sé que mi corazón esperará encontrarte en cualquier rincón, pero ya no volveré a verte.

Duerme, duerme para siempre, pequeña Grisona. Vuelve a la tierra y sigue brillando en nuestro recuerdo.

sábado, 4 de abril de 2009

Conciencia ecológica

Últimamente me he descubierto a menudo pensando y leyendo sobre la vida en nuestro planeta, sobre sus primeros balbuceos, su estado actual y su futuro.

Mi conciencia ecológica se ha ido forjando con el tiempo, a partir de mi adolescencia, a través de la lectura y la curiosidad por mi entorno. Pero creo que la auténtica raíz de este sentimiento, mi despertar al papel que la humanidad juega con respecto al medio ambiente, está más atrás, en mi infancia, en dos canciones de Joan Manuel Serrat que forman parte del subconsciente colectivo de gran parte de mi generación, gracias a nuestros padres y al milagro del tocadiscos y el radiocassette.



Pare
digueu-me què
li han fet al riu
que ja no canta.
Rellisca com un barb
mort sota un pam
d'escuma blanca.

Pare
que el riu ja no és el riu.
Pare
abans que torni l'estiu
amagui tot el què és viu.

Pare
digueu-me què
li han fet al bosc
que no hi ha arbres.
A l'hivern
no tindrem foc,
ni a l'estiu lloc
on aturar-nos.

Pare
que el bosc ja no és el bosc.
Pare
abans de que es faci fosc
tanquem la vida al rebost.

Sense llenya i sense peixos,
pare,
ens caldrà cremar la barca,
llaurar el blat entre les runes,
pare,
i tancar amb tres panys la casa,
Ai, dèieu vostè...

Pare
si no hi ha pins
no es fan pinyons
ni cucs ni ocells.
Pare
si no hi ha flors
no es fan abelles,
cera ni mel.

Pare
que el camp ja no és el camp.
Pare
del cel avui ens plou sang.
El vent ho canta plorant.

Pare
ja són aquí!
Monstres de carn
amb cucs de ferro.
Pare
no, no tingueu por,
digueu que no,
que jo us espero.

Pare
que estan matant la terra.
Pare
deixeu de plorar
que ens han declarat la guerra.

Padre
decidme qué
le han hecho al río
que ya no canta.
Resbala como un barbo
muerto bajo un palmo
de espuma blanca.

Padre
el río ya no es el río.
Padre
antes de que vuelva el verano
esconded todo lo que está vivo.

Padre
decidme qué
le han hecho al bosque
que no tiene árboles.
En invierno
no tendremos fuego,
ni en verano lugar
donde reposar.

Padre
el bosque ya no es el bosque.
Padre
antes de que oscurezca
guardemos la vida en la despensa.

Sin leña y sin peces,
padre,
tendremos que quemar la barca,
labrar el trigo entre las ruinas,
padre,
y cerrar con tres cerrojos la casa,
Ay, decíais vós...

Padre
si no hay pinos
no se hacen piñones
ni gusanos ni pájaros.
Padre
si no hay flores
no se hacen abejas,
cera ni miel.

Padre
el campo ya no es el campo.
Padre
del cielo hoy nos llueve sangre.
El viento lo canta llorando.

Padre
¡ya están aquí!
Monstruos de carne
con gusanos de hierro.
Padre
no, no tengáis miedo,
decid que no,
que yo os espero.

Padre
están matando la tierra.
Padre
dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.



Esta canción se encuentra, como decía, en un rincón tan profundo de mi inconsciente, tan clavada en mi alma, que grandes lagrimones corren por mis mejillas cada vez que la escucho. Lo mismo ocurre con la segunda, Plany al mar (Elegía al mar), para la que prefiero que sea el mismo Serrat el que traduzca sus bellísimas estrofas.




Bressol de vida, camins de somnis, pont de cultures,
ai!, qui ho diria,
que ha estat el mar?

Mireu-lo fet una claveguera,
mireu-lo anar i venir sense parar.

Sembla mentida que en el seu ventre es fés la vida.
Ai!, qui ho diria
sense rubor?

Mireu-lo fet una claveguera
ferit de mort.

De la manera que el desvalissen i l'enverinen,
ai!, qui ho diria
que ens dóna el pa?

Mireu-lo fet una claveguera,
mireu-lo anar i venir sense parar.

On són els savis i els poderosos que s'anomenen
ai!, qui ho diria,
conservadors?

Mireu-lo fet una claveguera
ferit de mort.

Quanta abundància, quanta bellesa, quanta energia,
ai!, qui ho diria?,
feta malbé.
Per ignorància, per imprudència, per incosciència
i per mala llet.

Jo que volia que m'enterressin entre la platja,
ai!, qui ho diria?,
i el firmament.

I serem nosaltres,
ai!, qui ho diria?
els qui t'enterrem.

domingo, 29 de marzo de 2009

Nueva vida

Ya he hablado anteriormente sobre mi afición a cultivar especies mediterráneas en Austria. Pues bien, nuestros naranjos están creciendo muy bien, pero estoy empezando a perder la esperanza de que el pino salga adelante. Creo que se congeló durante las pasadas Navidades, mientras estábamos en España.

Tengo mucho miedo del día en que deba aceptar lo inevitable y tirar al pobre arbolito a la basura. Sabiendo lo triste que me voy a poner ese día, he decidido empezar a compensar su pérdida plantando nueva vida antes de que llegue el momento fatídico. Por si las moscas.

Todo comenzó en el Paleoproterozoico, unos 3000 millones de años atrás, cuando se fundió la capa de hielo de la glaciación makganyena (que posiblemente cubriera la totalidad del planeta), dando lugar a un vastísimo océano primigenio.

Dos tipos de organismos sobrevivieron bajo la capa de hielo y rápidamente poblaron la práctica totalidad de dicho océano. Archaea, que utilizaban varias fuentes de energía diferentes como azufre y amoníaco y liberaban metano como producto de desecho, y un nuevo tipo de bacterias, las cianobacterias, capaces de obtener energía a través del proceso llamado fotosíntesis, que convierte luz solar y dióxido de carbono (CO2) en energía, liberando oxígeno (O2) como producto residual.

Ur-Ocean

Estas cianobacterias tuvieron tal éxito reproductivo y colonizador que de hecho modificaron la composición química de la atmósfera terrestre, lo cual iba a modelar los derroteros de la vida sobre la Tierra durante los siguientes 3000 millones de años. Antes de que aparecieran las cianobacterias la atmósfera apenas si contenía oxígeno molecular. El oxígeno libre en grandes cantidades resultaba tóxico para la mayoría de organismos de entonces, en especial para las arqueas. La mayor parte de la vida terrestre desapareció en lo que se conoce como la Gran Oxidación o crisis del oxígeno(*).

Sin embargo, es de sobra conocido que graves crisis ambientales como esta Gran Oxidación son también el origen de importantes avances evolutivos: no tardaría en aparecer una nueva clase de bacterias, llamadas aeróbicas, que utilizaban oxígeno, disponible ahora en grandes cantidades, como fuente de energía, produciendo dióxido de carbono como residuo. Y eso no fue todo, sino que en un toque de genio evolutivo, algunas archaea, acuciadas por el serio aumento de oxígeno tóxico en la atmósfera, incorporaron cianobacterias o proteobacterias (un tipo de bacterias aeróbicas) en su interior a través de la membrana celular y utilizaron parte de la energía producida por ellas para mantenerse con vida. Este brillantísima finta, conocida como endosimbiosis, sería el origen de la célula eucariota, que contiene varias estructuras internas separadas por membranas y potencialmente especializadas en distintas funciones.

Las archaea que se asociaron con bacterias aeróbicas, que consumían oxígeno, fueron la base de los organismos multicelulares que darían origen al reino animal, del cual también los humanos formamos parte (**). A partir de las archaea que se asociaron con cianobacterias, productoras de oxígeno mediante fotosíntesis, se originaría el reino vegetal, es decir, organismos multicelulares capaces de obtener energía del sol mediante la fotosíntesis.

Tarongers(***)

En esta historia he estado pensando esta mañana, en este largo camino evolutivo, mientras sembraba semillas de naranjo y de limonero para darle otra oportunidad a la vida vegetal.

¡Despertad, pequeñas semillas!, ¡despertad! Despertad de vuestro largo sueño, dejad que la luz y el agua os pongan en alerta y consumad una vez más el milagro de la vida.

(*) Esta crisis del oxígeno en el Paleoproterozoico elevó la concentración de oxígeno en la atmósfera hasta un 4%. Para alcanzar el nivel actual (21%) iba a ser necesaria la colonización masiva de la tierra firme por parte de plantas y bosques.

(**) No todas las archaea desaparecieron de la Tierra en el Paleoproterozoico, ni mucho menos. Innumerables tipos de archaea viven aún entre nosotros, en los lugares más insospechados. Algunas de ellas, por ejemplo Methanobrevibacter smithii, viven en nuestro intestino y nos ayudan a realizar la digestión.

(***)
Taronger significa "naranjo" en catalán.

domingo, 1 de febrero de 2009

Encuentros

El verano pasado, cuando estábamos recorriendo la costa nordeste de los Estados Unidos, nos apuntamos a un tour de observación de ballenas en Portland, en el estado de Maine. Yo estaba muy emocionado con la idea, porque había leído muchas veces que el primer encuentro con uno de estos magníficos cetáceos es una experiencia que jamás podrás olvidar: el tiempo se detiene mientras observas sus movimientos, los surtidores de su aliento, sus colas majestuosas sumergiéndose en el océano.

Wharf

Al toparnos con un animal salvaje sentimos una alegría difícil de explicar. Hace poco leí un artículo muy interesante en la Lufthansa Magazin de diciembre, en el que Stefan Nink hablaba de esta curiosa reacción, sobre lo que sucede cuando nos encontramos con un animal salvaje en su hábitat. Escribe Nink: "[...] Este tipo de encuentros nos dejan sin palabras y van a quedar grabados en nuestros recuerdos para siempre. Tal vez porque nos permiten darnos cuenta de qué es lo que hace que el mundo funcione. Porque, por el espacio de un instante, hemos podido vislumbrar algo de nosotros mismos."

El autor continúa identificando la probable causa de tal reacción: "Los psicólogos explican por qué encontrarnos con animales en la naturaleza nos afecta tan profundamente. Los humanos, dicen, cargamos permanentemente con una culpa subconsciente por habernos ido separando del medio natural conforme evolucionamos. Es por eso que sentimos tal alegría al encontrarnos cara a cara y sin esperarlo con un animal. También dicen que una parte de nuestra consciencia reconoce en él a un pariente lejano y antiguo."

Reh Pardal
Igel Contrallum

Yo he tenido la fortuna de encontrarme con bastantes animales salvajes, aunque la mayoría han sido más bien pequeños. Al vivir en un país en el que la naturaleza está ahí tan presente, resulta relativamente fácil toparse con algo, pero no por eso deja de ser una experiencia memorable. Hay algo en observar animales en la naturaleza que me produce el mismo tipo de atracción atávica que observar fuego en un hogar.

Nink termina su artículo de una forma muy bella: "A veces los animales parecen tener algo que los humanos hemos olvidado, parecen saber algo que nadie más conoce, excepto tal vez el viento. A veces sentimos algo de su poder y de su superioridad. Como al mirar a los ojos de un león o de un tigre, o cuando, durante una excursión a pie por los Andes, el cielo se oscurece por un instante cuando la sombra de un cóndor pasa sobre nuestras cabezas. Este tipo de encuentro es como un misterio revelado, y a menudo nos hará sentir como si el dedo de la creación nos hubiera tocado suavemente el hombro. Un encuentro así puede hacernos meditar sobre cómo los humanos tratamos al mundo, y si tal vez no sería un lugar mejor sin nosotros."

LangsamFahren

Aquel día, en Portland, Maine, estábamos preparados para nuestra expedición de observación de ballenas. Levamos amarros, salimos del puerto y nos adentramos en la frías aguas de Casco Bay con una gran emoción. Por desgracia, unos veinte minutos después de zarpar, el capitán decidió que había que dar media vuelta y volver a puerto.

Fog

Había demasiada niebla y no se podría ver absolutamente nada...

martes, 24 de junio de 2008

Vecchi porti

Hay lugares en el mundo donde resulta más fácil estar en paz consigo mismo. Lugares donde el mar abraza dulcemente a los pueblos que se establecieron, milenios atrás, a su vera. Ciudades antiguas. Puertos viejos. Gentes sabias.

Trieste

Ciudades que, como Trieste, se me antojan mi hogar aunque, hasta este último fin de semana, nunca puse pie en ella. Pueblos que, como Muggia, me arrullan con una serenidad que jamás encontré más al norte, en Centroeuropa.





Edificios antiguos, paredes gastadas, gentes familiares, ventanas rotas, ropa tendida, calles angostas, farolas viejas, todo aquello que echas de menos cuando vives en el país de Pin y Pon, en el que aún buscas de vez en cuando la tramoya que aguanta el decorado...



Barques

Ese encanto de pueblos y ciudades de pasado modesto, cuya historia no está poblada por grandes riquezas que les permitieran renovar sus edificios más significativos cada poco tiempo, permiténdoles conservar un encanto y poseer una autenticidad que las otras, las que se mantuvieron al último grito en tendencias arquitectónicas, terminaron por perder.

Italia

Y sin duda, el Mediterráneo, que una vez más nos da la bienvenida, esta vez desde un nuevo ángulo, pero siempre el mismo, por cuyas aguas tantas veces me dejé acariciar. El mar y todos sus aparejos que, sin hacer el más mínimo esfuerzo, nos dan los mejores retratos del mundo.

Gavina

Moll2

Por cierto, encontré las espigas...

Infància

domingo, 1 de junio de 2008

¡Que llueva!, ¡que llueva!

Las riberas del Mediterráneo son una tierra dura.

Una de las primeras cosas que llaman la atención del expatriado mediterráneo al llegar a Austria es el verdor, ese verde saturadísimo, casi sobrenatural, que de puro brillante provoca dolor a unos ojos acostumbrados a los ocres rojizos de la tierra, al amarillo de la genista y la aliaga, al azul infinito del mar y al verde polvoriento de los olivos.

Al poco tiempo de vivir aquí, uno pronto descubre el porqué de ese verdor: la flora tiene una vida muy fácil en esta tierra, porque la lluvia es frecuente y abundante. Por eso los árboles crecen y crecen hasta convertirse en titanes de 30 y 40 metros de altura. Por eso adentrarse en el bosque fuera de senderos es casi misión imposible en primavera y verano si no se lleva un machete.

Las riberas del Mediterráneo, decía, son una tierra dura. Porque la lluvia es un bien cada día más escaso, además de caer, cuando lo hace, de forma violenta en un margen muy pequeño de tiempo, sobre un suelo seco que, incapaz de absorberla, acaba sufriendo inundaciones en vez de producir cosechas.

flors figuera de moro

Pero la vegetación mediterránea es, como sus gentes, vieja y sabia, y sabe esperar con paciencia, reservando sus energías para esas cuatro gotas de lluvia que caerán, sino hoy, tal vez mañana, o la semana que viene, o el mes que viene. Y cuando esas cuatro gotas caen al fin, saca fuerzas de la nada, lanza raíces para bebérselas ansiosa, echa diminutos brotes que le permitan seguir almacenando esa luz, ese sol, acumulando de nuevo fuerzas para la siguiente sequía.

brotes xiprers

Me fascina la vegetación mediterránea porque se aferra a la vida con ansia desgarradora y sale adelante a pesar de un entorno bien hostil. Me gusta porque me recuerda a sus gentes, a mis gentes, que convirtieron un erial en terreno cultivable a base de sudor, lágrimas, esfuerzo y tesón, bajo un sol implacable que todo lo quema.

pins

La semana pasada estuvimos en Cataluña. Al volver, mis compañeros de oficina me preguntaron, como de costumbre, si habíamos tenido buen tiempo. Y yo les respondí que sí, que nos llovió todos los días y que nos había hecho el mejor tiempo que podía imaginarse. No estoy seguro que comprendieran mi sonrisa ni la alegría que llenó mi corazón al ver mi tierra verde y viva.

rambla

domingo, 18 de mayo de 2008

Detalles

En ocasiones nuestros sentimientos siguen caminos que no acabamos de comprender. A veces nuestra percepción sucede a unos niveles que no somos capaces de hacer conscientes.

¿Por qué hay ciudades que nos parecen frías? ¿Qué es ese algo que, a pesar de todo lo bueno, no te deja sentirte realmente como en casa?

Salzburg

¿Por qué hay otras ciudades que parece que te abracen con su cálido encanto? ¿En qué consiste ese algo que le susurra a tu corazón que esa ciudad podría convertirse fácilmente en tu nuevo hogar?

Graz

No lo sé. Tal vez se trata simplemente del color de sus tejados...

lunes, 12 de mayo de 2008

Sigue a tu nariz

Una de las consecuencias del enorme éxito que ha tenido, evolutivamente hablando, la especie humana es la cada vez mayor acusada pérdida de contacto con la Naturaleza. Vivimos dentro de "cajas" de piedra, hormigón o ladrillo, a varios metros sobre el nivel del suelo, podemos pasar días enteros sin tocar tierra con nuestras manos, bebemos el agua embotellada y comemos productos que vienen en bandejitas blancas envueltos en plástico transparente.

Ciertas habilidades que tenían nuestros ancestros han desaparecido sin dejar rastro (de la misma forma que lo harán, con toda probabilidad, nuestros dedos de los pies). Otras aún están ahí, pero me resulta más que dudoso que nos pudieran servir, en su estado actual, para sobrevivir y progresar en el entorno más bien hostil en que vivieron los primeros primates superiores.

Pensaba yo en esto ayer, cuando en una excursioncilla por las orillas del Danubio en el Wachau, descubrí unas espigas que, con toda seguridad, eran las mismas que había en el patio de mi escuela, con las que jugábamos de pequeños arrancándolas de cuajo entre el dedo índice y el pulgar (aún puedo recordar perfectamente el ruido como de rasgado que producían al ir formando un bonito "erizo" entre mis dedos) para lanzárselas a los compañeros, puesto que quedaban pegadas a la ropa, en especial a los jerseys de lana. (*)

Lo curioso del caso es que fui muy consciente de cómo el recuerdo se formó en mi mente, primero ver las espigas a la margen del camino, luego imaginarme a mí mismo arrancándolas, luego tocarlas, luego recordar el ruido, luego descubrir la calidez del recuerdo ...

Espigas

Por el contrario, cuando algún olor me despierta un recuerdo, al menos en mi caso, el recuerdo está ahí de forma inmediata, instantánea, como si la nariz tuviera línea directa con la memoria. Y a pesar que a menudo se trata de recuerdos que creía olvidados, en realidad tan sólo requieren del olor preciso para reparecer en todo su esplendor, con todo lujo de detalles, como si estuviera reviviendo aquello una vez más.

Siempre he creído tener un olfato bastante fino. Supongo que es para compensar la miopía y una ligera dureza de oído que se va acentuando con el tiempo. Y es curioso, porque creo que, de todos los sentidos, el olfato es de los que tienen una conexión más directa con el cerebro. Y no precisamente con la parte más consciente del cerebro, sino con los "bajos fondos", con aquella capa cerebral que controla los instintos y las bajas pasiones. Porque el olfato ya estaba ahí mucho antes que se formara la consciencia, y la memoria seguramente también estaba ahí antes que la consciencia.

Me gusta cuando voy en bicicleta hacia la oficina porque, en esta época, puedo oler donde hay matas de Bärlauch a pesar de ser incapaz de verlas (ya comenté lo de la miopía, ¿verdad? ;)). Me encantan los distintos olores que llenan los pasajes de Salzburgo según el día de la semana, según la hora, según el pasaje. Los sábados por la mañana el pasaje que parte de la casa natal de Mozart y llega a la Universitätsplatz huele a horno de carbón y a salchichas. Cerca de la Konditorei Schatz siempre huele a pasteles. El pasaje del Balkan Grill huele a misteriosa mezcla de especias y el pasaje del restaurante japonés Nagano huele, a veces, a salsa de soja y a algas.

Me gusta el sentido del olfato, porque representa un testimonio de nuestro pasado silvestre, cuando distinguir la procedencia de un olor amenazante o de una fuente de alimento podían marcar la diferencia entre sobrevivir o morir. Porque nos recuerda que no somos más que animalejos, algo evolucionados, eso sí, pero animalejos al fin y al cabo. Me gusta porque se me acelera el pulso al sentir el olor de alguien querido que se acerca por detrás. Me gusta a pesar que a veces, cuando alguien se pasa con el perfume o la colonia, muera por ahogamiento en el ascensor. Me gusta porque, de vez en cuando, me trae recuerdos de mi infancia, de cuando en el patio del cole nos lanzábamos espigas los unos a los otros, cuando no nos había llegado aún la época de ir persiguiendo a las niñas...

Patitos

(*) Me dice Mar que ellos las llamaban plantas de los novios, porque el número de espigas que se te quedaban clavadas representaba el número de novios/-as que tenías.

sábado, 26 de abril de 2008

Libros viajeros

Si hay un día en que echo de menos estar en Cataluña es el 23 de abril, Diada de Sant Jordi y Día Internacional del Libro. El miércoles pasado estuve todo el día añorando el olor de las rosas y las interminables filas de puestos de libros en La Rambla.

Se celebra el Día Internacional del Libro el 23 de abril porque Cervantes murió el 23 de abril de 1616, el mismo día que William Shakespeare (aunque, por obra y gracia de la tardía adopción del calendario gregoriano por parte de los ingleses, murieron con 10 días de diferencia). Garcilaso de la Vega también murió en un 23 de abril, y también en esa fecha se supone el nacimiento del mismo Shakespeare.

Y pensando en libros, me acordé que quería hablar sobre BookCrossing. ¿Estás preparado para entrar en la mayor biblioteca del mundo? ¿Te gusta leer? ¿Te gustaría poder hacerlo gratis? ¿Te apuntas a un poco de diversión sin salir de tu ciudad? ¡Pásate por la página web y déjate convencer!

Estoy enamorado de estas ideas tan locas, de iniciativas que, como ésta, tan solo se basan en la buena voluntad de la gente. Y, contra todo pronóstico, ¡funcionan! Y hacen que recupere la fe en el futuro de la Humanidad. La semana pasado cazamos dos libros. Alguien los había soltado justo en al alféizar de la ventana del supermercado de delante de casa. Así de sencillo.

BookCrossing

Además, Mar me regaló una rosa y un libro, y yo le regalé una rosa y un libro. Cada año lo hemos hecho, a pesar de la distancia (y de las reticencias de algún que otro florista a vender en domingo, porque los domingos hay que ir a misa...). Mis padres también tienen otro libro para mí.

Se me acumula la faena, amigos... :)

domingo, 30 de marzo de 2008

Marcos

En una de mis escenas favoritas de "El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey" los cuatro hobbits están tomando una pinta en la Posada del Dragón Verde. Mientras escuchan las fanfarronadas de Ted Arenas comparten una mirada de comprensión y una sonrisa triste. Ellos, que han liberado la Tierra Media del Caos y la Oscuridad de Sauron, no sólo tienen que aguantar al fulano, sino que no pueden hablar con nadie sobre lo ocurrido, puesto que nadie iba a entenderlo. Se sienten, al igual que los veteranos o los supervivientes de una guerra, distintos, extraños y terriblemente solos. La vida y las gentes de la Comarca no habían cambiado en lo más mínimo, pero ellos sí habían cambiado. Lo que siempre habían tenido por "normal" había dejado de serlo.

La penúltima vez que estuvimos en España sentimos, por primera vez, algo que creo que debe ser bastante común entre la comunidad de expatriados. Todo nos parecía extraño, poco familiar, desconocido. Nos costaba entender lo que hacía la gente. No sentíamos, en suma, un poco "extranjeros". ¿Por qué hablan todos tan alto? ¿Qué hacen? ¿Cómo aguantan esta música tan estridente en todas partes? Todo ello hechos en las que jamás reparamos cuando vivíamos ahí. Porque eran "normales". Pero ya no lo son.

4

Después de dos o tres días dejamos de sentirnos así, tan solo necesitamos un pequeño "reajuste". Pero la experiencia me hizo darme cuenta de lo mucho que dependemos de nuestras referencias, de nuestros marcos, y de lo poco conscientes que somos de ello.

Lo que consideramos "normal" es algo tan increíblemente frágil, tan dependiente de nuestras experiencias más recientes, que cambia constantemente y apenas si nos damos cuenta. Nuestros marcos están continuamente evolucionando y no nos enteramos. Es por eso que palabras como "normal", "sentido común", "lógico" o "por supuesto", o argumentaciones que se basan en ellas, pueden ser peligrosas. Porque mis marcos no son necesariamente los mismos que los tuyos, tal vez ni siquiera se parecen. Y es mejor que no nos refiramos a un supuesto marco común que, en la práctica, no tiene por qué existir.

Warte

Para terminar, un poco de música. La suite "Estaciones Porteñas", del compositor argentino Ástor Piazzolla, está formada por cuatro movimientos, uno para cada una de las estaciones, como una especie de contrapunto a "Las Cuatro Estaciones" de Vivaldi en clave de tango. Como éstas, cada uno de los tangos evoca a su correspondiente estación. Para mí, "Verano Porteño" es un tango vital y vibrante como una tormenta de nieve, mientras que "Invierno Porteño" está dominado por una melodía lánguida que me recuerda a las horas interminables de una tarde calurosa. ¿Sólo es por culpa de mis marcos de referencia que me parece que los títulos no cuadran con la música? ¿O será tal vez un guiño de Piazzolla desde el Sur a las estaciones en el hemisferio norte?

Pero voy a callarme ahora para dejar hablar al bandoneón del Gran Ástor.



domingo, 20 de enero de 2008

Sirenas de destrucción

Cada sábado, a las 12 en punto del mediodía, hacen sonar las alarmas de la ciudad de Salzburgo (y, por lo visto, las de cada pueblo y ciudad en Austria) como prueba durante medio minuto. Su sonido, largo y estridente, siempre me ha recordado a las alarmas antiaéreas. De hecho, podría bien ser que sean las antiguas alarmas de la Segunda Guerra Mundial, reaprovechadas como sirenas...

Salzburgo sobrevivió el final de la Segunda Guerra Mundial relativamente bien. Su posición geográfica, muy alejada de las fronteras del Deutsches Reich de entonces, la mantuvieron fuera del alcance de los bombarderos aliados hasta la muerte de Mussolini. Su poca importancia estratégica, en comparación con otras ciudades más industriales como Hallein, Linz o Graz, permitió que fuera más o menos ignorada incluso cuando los Aliados ya dispusieron de capacidad operativa desde Italia.

Los bombardeos aéreos sobre Salzburgo (un total de 15) comenzaron en octubre de 1944. La gente tenía que correr a refugiarse bajo las montañas, Kapuzinerberg y Festungsberg, en los refugios excavados en la roca. La Hexenturm (torre de las brujas), parte de antiguas defensas militares, no muy lejos del actual Schrannenmarkt, fue literalmente borrada del mapa. Uno de los depósitos de agua de la ciudad, en la Mönchsberg, también fue destruido, uniendo así la inundación al caos existente. Una bomba incluso entró en la catedral barroca, perforando la cúpula, pero no llegó a estallar. Se dice que la Virgen hizo un milagro...



Yo supe de los bombardeos sobre Salzburgo por primera vez en un libro que cacé hace un tiempo, una autobiografía del escritor Thomas Bernhard, que pasó su infancia en Salzburgo durante la Segunda Guerra Mundial.

Por suerte, nunca me he tenido que encontrar en medio de un bombardeo, y no tengo ni idea de cómo actuaría. Creo que el miedo me paralizaría por completo, pero espero no descubrirlo jamás. Lo que sí sé es que lo único que queda al final es destrucción, silencio, vacío. Pero nosotros los humanos no parece que aprendamos la lección.



La famosa vista de Dresde desde la torre del ayuntamiento me viene a la cabeza. O la quietud fantasmal del pueblo viejo de Belchite, destruido por las tropas nacionales durante la Guerra Civil y mantenido tal y como quedó como tributo y también como advertencia.

Espero no saber nunca qué se siente al caminar entre las ruinas de tu ciudad después de ser destruida. Pero me imagino que el corazón se debe encoger de forma parecida que al caminar por un bosque después de un incendio forestal. Es una imagen que jamás podré olvidar. Fue en Vespella, cerca de Tarragona. Había subido en bici hasta la cima de la colina, y al otro lado, hasta donde me alcanzaba la vista, no había más que desolación y paisaje lunar. Cadáveres de árboles, ennegrecidos y torturados. Cenizas. El olor a madera quemada. El silencio sobrenatural. Destrucción. El vacío más absoluto.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Driving home for Xmas...

Bueno, en realidad no bajamos en coche sino en avión. Pero el espíritu es prácticamente el mismo, puesto que comenzamos nuestro viaje (nuestra odisea!) ayer por la mañana y entre autobús, tren #1, tren #2, avión y coche, llegamos a casa por la noche. Pero vale la pena volver a encontrarnos (en algunos casos, por primera vez en persona!) con aquellos que siempre me han estado apoyando.

¡Tenía muchas ganas de venir a casa estas Navidades!

domingo, 16 de diciembre de 2007

El Origen de Todas las Cosas

Cuando decides irte a vivir a otro país, debes tener muy claro que habrá muchas cosas que vas a echar de menos. Además de a tu familia y a tus amigos, por supuesto, la mayoría de cosas que acabas echando de menos te sorprenden, porque son más bien triviales, como los kikos, la música de la máquina tragaperras en un bar o los ceniceros con agua, y porque en muchos casos te das cuenta de lo que echas de menos cuando vuelves a verlo.

También hay cosas que sabes de antemano que echarás de menos. Antes de mudarnos a Austria le dije a un austríaco que una de las cosas que más iba a echar de menos era el mar. Me miró extrañado, y me dijo que no me preocupara, que aquí había muchos lagos a los que ir a nadar en verano. Claro. Genial. No son las actividades que uno puede hacer en el mar lo que me falta. Echo de menos el mar. Así, a secas. Pero no lo entienden. Tal vez no puedan entenderlo.



Por suerte sé que no estoy solo. Sé que alguien me entiende. Porque veo comprensión en los ojos azules de mi amigo K, en los que se adivina el reflejo del Mar del Norte ante la proa de su Phaleron. Porque veo comprensión en la sonrisa socarrona de una chica de Suecia, que se preguntaba cuál era la gracia que le encuentran los alemanes que se compran un barquito para dar vueltas a un lago.



Pero, ¿qué tiene el mar para que los que hemos crecido a su orilla lo echemos de menos de esta forma? ¿Por qué nos atrae el mar?

Mi madre siempre ha dicho que necesita tener el mar cerca porque representa una vía de escape. Porque sabiendo que el mar está ahí no se siente atrapada en tierra firme. Puede ser que haya algo de eso, aunque me parece que hay algo aun más profundo.



Porque el mar es el origen de todo. El mar nos dio la vida hace millones de años, y nos mantiene con vida desde entonces. Es el mar el que nos da el pan. Cuando estoy mirando al mar, me maravillo de su belleza, y podría pasar horas y horas observándolo, escuchando las olas romper en el acantilado, dejándome llenar por el olor a salitre y sal, respetando su poder infinito. Cuando estoy mirando al mar pienso que justo ahí, ante mí, comenzó todo. Y ver que sigue ahí, después de tanto tiempo, me da una sensación de calidez y seguridad muy parecida a la que se siente al volver al hogar. Porque, creo, el mar es en realidad nuestro hogar.



Vivo lejos del mar. Por suerte, sé que está ahí, y sólo necesito cerrar los ojos para ver los colores, para escuchar las olas soltando sus blancas cabelleras antes de morir en la arena de la playa con un murmullo.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Going home...

Si hay algun sitio en el mundo al que pueda llamar mi hogar, seguramente se parece a este...