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domingo, 3 de octubre de 2010

Photo Walk

Ayer fui solo a dar un paseo fotográfico.

Estuve escuchando a mi acordeonista favorito bajo los arcos de la catedral...

Inspiring

Estuve espiando relajantes rincones, decorados con calabazas...

Zierkürbis

Me vi a mi mismo en el futuro en un flash-forward inesperado...

Photographer

Descubrí que la paz y la calma del otoño le pueden a la amenaza del alambre de espinos...

Autumn Barbed Wire

Pero ante todo, estuve pasándomelo pipa con nuestro nuevo juguete...

New Toy

domingo, 26 de septiembre de 2010

En la zona musical

Esta semana he conseguido algo que jamás había podido hacer: ir en bicicleta al trabajo cinco días seguidos, de lunes a viernes. No sólo es raro que el buen tiempo dure tanto y nos permita estos excesos, también es muy inusual que haya sido capaz de superar las miles de excusas que cada día por la mañana tengo a mi disposición para decidirme por el bus.

El camino sigue el curso del río Salzach. La mayor parte del trayecto transcurre en el camino para bicicletas, que no es más que un antiguo camino de sirga reconvertido, antaño transitado por caballos y bueyes que arrastraban río arriba las barcazas que, después de alcanzar las minas de sal de Hallein, volverían río abajo cargadas de la sal que dio a Salzburgo su nombre (“castillo de la sal”) y propició la inconmensurable riqueza de sus príncipes arzobispos.

El trayecto hasta la oficina tiene unos 17km y empleo en recorrerlo algo menos de una hora (no voy muy deprisa, la verdad). Los primeros dos días, en especial el martes por la mañana, fueron bastante duros, porque tuve viento de cara y aún arrastraba algo de cansancio de la excursión por la montaña que hicimos el domingo. También me obsesioné bastante con el cuentakilómetros, intentando no empeorar demasiado las estadísticas. Pero a partir del miércoles traté de ignorar el aparatejo y disfrutar del viaje.

Durante estos años de ir a la oficina en bicicleta a menudo, me he dado cuenta que hay una especie de estar “en la zona” en sentido físico, un delicado y maravilloso equilibrio de fuerzas entre las piernas y la resistencia del aire, del suelo y de la gravedad (por la pendiente). El truco está en hacer justo la mínima fuerza para mantener el ritmo del pedaleo, pero no más. Y si se mantiene este ritmo de forma ininterrumpida, cambiando de marcha cuando sea necesario, puedes recorrer kilómetros y kilómetros sin apenas darte cuenta.

Bicycle Ride

Lo divertido es que este estar “en la zona” también ocurre en la mente. Por lo menos, cuando llevo un rato manteniendo el mismo ritmo, equilibradas las fuerzas, mi mente se deja hipnotizar por el movimiento rítmico de las piernas, que se traslada a todo el cuerpo, y de ahí a la mente, hasta el punto que dejo de pensar conscientemente en mover las piernas, en llevar la bicicleta, y mi mente hace excursiones inconscientes a otros lugares.

En este estado mental, de forma invariable, la música hace acto de presencia. Supongo que el pedaleo rítmico actúa como un fabuloso metrónomo difícil de ignorar. Y no es que piense de manera consciente: Voy a cantar “La tuna compostelana”. Canciones y melodías aparecen en mi mente sin previo aviso. Vienen y se van, sin avisar, a veces pasando de unas a otras mediante vistosos arreglos que de bien seguro sería incapaz de hacer de forma consciente.

Esta es una selección de la música que me ha venido a la mente durante los trayectos en bicicleta de esta semana. Curiosamente, Johann Sebastian Bach parece estar firmemente anclado en mi cerebro:

  • Preludio de la Suite para violonchelo nº 1, BWV 1007, de J. S. Bach

  • Variación 1, Variaciones Goldberg, BWV 988, de J. S. Bach

  • Sinfonía nº 2, BWV 788, de J. S. Bach (escuchar)

  • Gabriel's Oboe, banda sonora de la película “La Misión”, de E. Morricone

  • Otra obra para dos violines de J. S. Bach (¡creo!) que puedo cantar pero aún no he averiguado cómo se llama Segundo movimiento (Largo) del Concierto para 2 violines, cuerdas y bajo continuo en re menor, BWV 1043, de J. S. Bach (escuchar)



Pero, sin ninguna duda, el ganador de esta semana ha sido el Preludio de la Suite para laúd nº 4, BWV 1006, de J. S. Bach. ¡Disfrutad!

domingo, 9 de mayo de 2010

Der Garten an der Salzach

Si pasas por la parada de autobús de Ferdinand-Hanusch-Platz tal vez puedas verlos ahí, sentados en los cuatro asientos metálicos que son su territorio exclusivo. O quizás los veas entrando en el supermercado de la acera de enfrente, para gastarse las pocas monedas que han conseguido Dios sabe dónde. Su compra suele limitarse, desgraciadamente, a latas de cerveza, la primera de las cuales abrirán sin excepción antes de cruzar el primero de los dos semáforos que tienen que cruzar para volver a la parada del autobús.

Ahí están casi siempre, a veces silenciosos y melancólicos, en ocasiones ruidosos y vociferantes, pero siempre mudos testigos del otro lado, del lado oscuro de la sociedad, que cada día nos recuerdan aquello que bien pudiera ocurrirle a cualquiera de nosotros, en uno de esos reveses que la vida, siempre generosa en sorpresas, nos depara. Un destino cada vez más común y ante el cual tendemos a mirar hacia otro lado, o peor aún, a echarles la culpa de su infortunio a ellos, que son el eslabón más débil de una sociedad de la cual todos formamos parte y de cuyo buen funcionamiento, al fin y al cabo, todos tenemos que rendir cuentas.

Herr G es uno de ellos. Su día consiste en dejar pasar las horas entre la parada de autobús y los veinte metros y dos semáforos que la separan del supermercado, hacer valer su derecho a uno de los cuatro asientos metálicos y observar con mirada extraviada a los transeúntes o a la gente que espera nerviosa a su autobús. Por las mañanas se lo puede ver a la otra orilla del río, empujando un viejo y oxidado carrito de la compra en el que amontona todas sus pertenencias, y del que raramente se separa más de unos metros. Con cuidado, silenciosamente, cuando la ciudad aún se está despertando, Herr G aparca su carrito en un recodo del paso de bicicletas bajo el puente y, si el tiempo acompaña, se sienta en uno de los bancos cercanos que, en definitiva, son lo más parecido a un hogar que tiene.

garten01

Porque Herr G sabe que todo hogar que se precie tiene que tener un jardín, y por eso ha adoptado dos pequeños parterres enfrente de los bancos para plantar algunas flores, distribuir piedrecitas en figuras geométricas, alinear piñas, alojar un par de enanitos de jardín e incluso plantar un molinillo de viento. Herr G se sienta en su banco y observa los alegres colores del molinillo al girar y sonríe para sus adentros antes de levantarse e ir a pasar la mañana a la parada de autobús de Ferdinand-Hanusch-Platz.

garten02

Más tarde, Herr G se sentará de nuevo en su banco y dejará que el sol de mediodía caliente sus viejos huesos, sin perder detalle de las evoluciones de dos adolescentes en sus bicicletas, preparado para echarlos a voces en caso que se acerquen demasiado a su jardín. Luego, Herr G cerrará los ojos de nuevo y echará una cabezada.

herr gaertner

sábado, 10 de abril de 2010

Yüzüklerin Efendisi

Yüzüklerin Efendisi

El contexto lo es todo.

domingo, 28 de febrero de 2010

La máquina del tiempo

Penny-Farthing (like yore)

A veces no es necesaria una máquina del tiempo para viajar al pasado. No hace falta correr el riesgo de desagradables encuentros con hambrientos morlocks o de quedar atrapado en el interior de una montaña.

A veces tan sólo es necesario ir a dar un paseo por la orilla del río.

domingo, 8 de noviembre de 2009

El otoño del ajedrez (*)

En 1959 el saxofonista neoyorquino Sonny Rollins, frustrado por lo que él apreciaba como sus limitaciones musicales, se tomó una pausa para mejorar su técnica, en el que sería el primero y más famoso de sus sabáticos. Dicen que durante este periodo, Rollins se iba a practicar al puente de Williamsburg, para evitar molestar a una vecina de apartamento, en el Lower East Side de Manhattan, que estaba embarazada.

Su álbum de retorno, aparecido al cabo de tres años, se llamó "The Bridge". La mítica estampa del saxofonista sobre un puente, tocando en solitario, su oscura silueta recortada por la Luna, es la de Rollins.


Sonny Rollins - Without a song, del álbum "The Bridge"

Esta noche hemos tenido el privilegio de escuchar a Sonny Rollins en directo. Un auditorio puesto en pie lo ha recibido, antes de decir ni una sola palabra, con un largo y caluroso aplauso. A sus 79 años, el anciano de aspecto frágil, espalda encorvada y dificultoso caminar que ha subido al escenario tan sólo ha necesitado tomar el saxo tenor entre sus gigantescas manos y sacarle un par de notas para dejar claro que nos hallábamos ante una leyenda viva del jazz. Una experiencia difícil de olvidar.

(*) Al menos eso es lo que entendí durante mi primer otoño en Salzburgo. Alguien me habló sobre un interesante festival llamado "Chess Herbst" que tenía lugar en la ciudad. Al principio me imaginé gente jugando partidas de ajedrez por toda la ciudad. Tardé unos minutos en comprender que estaba frente a la pronunciación autóctona de la palabra jazz. Los germanoparlantes tienden a cerrar demasiado las a hasta que suenan como una e (no conocen la schwa y las sutilezas de las distintas vocales neutras) y no son capaces de distinguir el sonido sonoro /dʒ/ (como en job o jazz) del sordo /tʃ/ (como en chop o chess).

lunes, 31 de agosto de 2009

Dejando pasar las horas...

El final del verano se acerca.

El sol que cada tarde ha estado entrando, implacable, por mi ventana de la oficina, cada vez se esconde antes tras las copas de los abetos que coronan la montaña a cuyos pies nos encontramos. Un sol que, por cierto, prefiero capear con la ventana abierta y que, por lo menos, corra algo de aire, antes que seguir las abstrusas teorías austríacas sobre cerrar las ventanas para que el aire de dentro se mantenga fresco. Teoría ésta más que discutible y que tendría algo de validez, en todo caso, en combinación con una persiana u objeto opaco a la sazón. Invento que, por lo menos a mi oficina, no ha llegado todavía.

Se acerca, como decía, el final del verano. Es ésta la estación del año cuyo final espero con más ansia, por varias razones. En primer lugar, porque el final del estío marca el comienzo del otoño, y ésta sí es, con ventaja, mi estación favorita. En segundo lugar, porque con él se marchan también varios puntos negativos: deja de hacer calor, la basura deja de apestar, se puede dormir por la noche y la gente, en fin, deja de oler (tan) mal... En tercer lugar, el sol de verano es demasiado intenso y cae demasiado en vertical, y además ilumina un uniformemente aburrido tono verde que no da ningún juego a la fotografía.

Castanyers

Y es que, debo admitirlo, bajo peligro de ser relegado a la condición de paria social por mis convecinos aborígenes, no me gusta el verano. De hecho, es el último en mi lista de estaciones favoritas, a saber, otoño, en un disputado segundo y tercer puesto invierno y primavera y, finalmente, muy atrás, verano.

De todos modos, lo que sí tiene de bueno el verano son las tardes ociosas de domingo, sin nada mejor que hacer que pillar el bocadillo y la bicicleta, pedalear media horita hasta Hellbrunn, tumbarse a la bartola y dejar pasar la tarde, leyendo, dormitando, comiéndose el bocata, haciendo fiestas a perretes simpáticos que vienen a visitarnos y, en fin, disfrutando de lo lindo de mi palabra favorita de hoy: Müßiggang, que significa nada menos que ociosidad.

Muessiggang

En fin, dejémonos llevar por la Müßiggang en el camino de vuelta a casa...

viernes, 20 de febrero de 2009

Nieve

Me encanta cuando nieva.

Porque tus caminos habituales se disfrazan de blanco y debes seguir las huellas de los que han pasado antes de ti para llegar a tu destino.

Schneeweg

Porque si miras tu abrigo suficientemente de cerca, es posible que veas cristales de nieve perfectamente formados, cuya belleza te va a cautivar.

SchneeFlocken

Porque el silencio que lo envuelve todo es casi sobrenatural. No puedo imaginarme nada más relajante que mirar caer la nieve desde la ventana.



Porque no puedo resistir la tentación de pasar la mano sobre la nieve recién caída.

Schneeaufräumen

En serio, me encanta cuando nieva.

jueves, 12 de febrero de 2009

Kaffeehaus

bazar

"Wie andere in den Park oder in den Wald, lief ich immer ins Kaffeehaus, um mich abzulenken und zu beruhigen, mein ganzes Leben." (*)





(*) Al igual que otros se van al parque o al bosque, yo siempre fui a la cafetería para distraerme y para tranquilizarme, mi vida entera.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Favonius en acción

Esta mañana he salido de casa a las siete menos cuarto equipado, como cada día desde hace ya unas semanas, con una bufanda. Y me ha dado la bienvenida una auténtica bofetada de calor que me ha hecho desprenderme de ella a los pocos pasos. A esas horas debíamos estar ya a unos 18ºC. ¿Cómo es posible? ¿Será que ahora con Obama en noviembre dejará de hacer frío? ;)

Pues no. Se trata del Alpenföhn, un efecto peculiar producido por los Alpes. Cuando una masa de aire se ve obligada a ascender para salvar una cordillera, el agua se condensa y cae en forma de lluvia en la ladera de barlovento. Al superar la cima, el aire "cae", prácticamente perdida toda la humedad, y aumenta la temperatura de forma más que considerable, pudiendo producir oscilaciones de hasta 30ºC en el valle situado a sotavento.


(Imagen obtenida de Wikimedia Commons)

El nombre Föhn proviene del dios romano Favonius, personificación del viento del Oeste. Luego pasó por el retorrománico favuogn y fuogn hasta llegar al alemán moderno como Föhn. Curiosamente, a un secador de pelo se le llama Fön así, sin "h". Según leo, el nombre fue registrado por la casa AEG en los años 20.

El Föhn se asocia a menudo con migrañas y psicosis. Un estudio de la Universidad Ludwig Maximilian de Munich sostiene que suicidios y accidentes aumentan en un 10% los días de Föhn. De hecho, existe la palabra Föhnkrankheit (literalmente, enfermedad del Föhn) que, en numerosas ocasiones, nos puede servir de excusa perfecta para justificar un bajo rendimiento en el trabajo, un apetito desmesurado, o simplemente una apatía generalizada.

Por cierto, que en España también hay vientos Föhn: el viento del sur o surada en Cantabria, el fogony en el Pirineo de Lleida o el cierzo en el de Huesca, o el terral en Málaga, entre otros.

Bueno, voy a dejarlo, porque hoy, con el Föhn, pues ya se sabe...

viernes, 24 de octubre de 2008

Los días se acortan...

... noviembre está a las puertas y ya he hecho por última vez este año el camino a la oficina en bicicleta ...

Untersberg

... el Sol surca el cielo cada vez más bajo, largas sombras y maravillosa luz de puesta de sol durante todo el dia ...

Festung

... y el Frío y la Oscuridad se preparan para cubrir el hemisferio norte durante los próximos meses. Extrañas esculturas orgánicas se pasean por la ciudad durante la noche ...

DarknessCreature

domingo, 29 de junio de 2008

El gorrón de Hellbrunn

A veces este país es tan bucólico que parece hasta mentira. Aunque, si te fijas bien, también hay gorrones. Hélos:



Vamos a ver qué hace la selección. A la otra orilla, al país vecino. ¿Quién dijo miedo? ;)

domingo, 15 de junio de 2008

El EM (*) llegó

Suecas La Roja
Suecas y españoles, como en tiempos del maestro Landa... ;)

Seguridad
Cachete con cachete

Suecia
Suecia...

Rusia Grecia
...y Rusia y Grecia!

El holandés errante
¿En serio? ¿A tu edad?

Sombreros
Manolo Cabezabolo

Atalaya
Estamos tan a gustito

Vigilando a Oma
Jolines, otra vez me toca cuidar de la abuela en horas de servicio...

El tamaño sí importa
¡El tamaño sí importa!

(*): Aquí la Eurocopa se llama EM, por Europameisterschaft, o sea, Campeonato de Europa

lunes, 19 de mayo de 2008

El verano está a la vuelta de la esquina...

evolució

... ¡se siente en los árboles!

domingo, 18 de mayo de 2008

Detalles

En ocasiones nuestros sentimientos siguen caminos que no acabamos de comprender. A veces nuestra percepción sucede a unos niveles que no somos capaces de hacer conscientes.

¿Por qué hay ciudades que nos parecen frías? ¿Qué es ese algo que, a pesar de todo lo bueno, no te deja sentirte realmente como en casa?

Salzburg

¿Por qué hay otras ciudades que parece que te abracen con su cálido encanto? ¿En qué consiste ese algo que le susurra a tu corazón que esa ciudad podría convertirse fácilmente en tu nuevo hogar?

Graz

No lo sé. Tal vez se trata simplemente del color de sus tejados...

lunes, 12 de mayo de 2008

Sigue a tu nariz

Una de las consecuencias del enorme éxito que ha tenido, evolutivamente hablando, la especie humana es la cada vez mayor acusada pérdida de contacto con la Naturaleza. Vivimos dentro de "cajas" de piedra, hormigón o ladrillo, a varios metros sobre el nivel del suelo, podemos pasar días enteros sin tocar tierra con nuestras manos, bebemos el agua embotellada y comemos productos que vienen en bandejitas blancas envueltos en plástico transparente.

Ciertas habilidades que tenían nuestros ancestros han desaparecido sin dejar rastro (de la misma forma que lo harán, con toda probabilidad, nuestros dedos de los pies). Otras aún están ahí, pero me resulta más que dudoso que nos pudieran servir, en su estado actual, para sobrevivir y progresar en el entorno más bien hostil en que vivieron los primeros primates superiores.

Pensaba yo en esto ayer, cuando en una excursioncilla por las orillas del Danubio en el Wachau, descubrí unas espigas que, con toda seguridad, eran las mismas que había en el patio de mi escuela, con las que jugábamos de pequeños arrancándolas de cuajo entre el dedo índice y el pulgar (aún puedo recordar perfectamente el ruido como de rasgado que producían al ir formando un bonito "erizo" entre mis dedos) para lanzárselas a los compañeros, puesto que quedaban pegadas a la ropa, en especial a los jerseys de lana. (*)

Lo curioso del caso es que fui muy consciente de cómo el recuerdo se formó en mi mente, primero ver las espigas a la margen del camino, luego imaginarme a mí mismo arrancándolas, luego tocarlas, luego recordar el ruido, luego descubrir la calidez del recuerdo ...

Espigas

Por el contrario, cuando algún olor me despierta un recuerdo, al menos en mi caso, el recuerdo está ahí de forma inmediata, instantánea, como si la nariz tuviera línea directa con la memoria. Y a pesar que a menudo se trata de recuerdos que creía olvidados, en realidad tan sólo requieren del olor preciso para reparecer en todo su esplendor, con todo lujo de detalles, como si estuviera reviviendo aquello una vez más.

Siempre he creído tener un olfato bastante fino. Supongo que es para compensar la miopía y una ligera dureza de oído que se va acentuando con el tiempo. Y es curioso, porque creo que, de todos los sentidos, el olfato es de los que tienen una conexión más directa con el cerebro. Y no precisamente con la parte más consciente del cerebro, sino con los "bajos fondos", con aquella capa cerebral que controla los instintos y las bajas pasiones. Porque el olfato ya estaba ahí mucho antes que se formara la consciencia, y la memoria seguramente también estaba ahí antes que la consciencia.

Me gusta cuando voy en bicicleta hacia la oficina porque, en esta época, puedo oler donde hay matas de Bärlauch a pesar de ser incapaz de verlas (ya comenté lo de la miopía, ¿verdad? ;)). Me encantan los distintos olores que llenan los pasajes de Salzburgo según el día de la semana, según la hora, según el pasaje. Los sábados por la mañana el pasaje que parte de la casa natal de Mozart y llega a la Universitätsplatz huele a horno de carbón y a salchichas. Cerca de la Konditorei Schatz siempre huele a pasteles. El pasaje del Balkan Grill huele a misteriosa mezcla de especias y el pasaje del restaurante japonés Nagano huele, a veces, a salsa de soja y a algas.

Me gusta el sentido del olfato, porque representa un testimonio de nuestro pasado silvestre, cuando distinguir la procedencia de un olor amenazante o de una fuente de alimento podían marcar la diferencia entre sobrevivir o morir. Porque nos recuerda que no somos más que animalejos, algo evolucionados, eso sí, pero animalejos al fin y al cabo. Me gusta porque se me acelera el pulso al sentir el olor de alguien querido que se acerca por detrás. Me gusta a pesar que a veces, cuando alguien se pasa con el perfume o la colonia, muera por ahogamiento en el ascensor. Me gusta porque, de vez en cuando, me trae recuerdos de mi infancia, de cuando en el patio del cole nos lanzábamos espigas los unos a los otros, cuando no nos había llegado aún la época de ir persiguiendo a las niñas...

Patitos

(*) Me dice Mar que ellos las llamaban plantas de los novios, porque el número de espigas que se te quedaban clavadas representaba el número de novios/-as que tenías.

martes, 11 de marzo de 2008

Mirando al dedo que señala

"Se dice que cuando alguien señala sólo los tontos miran al dedo. A veces, dirigiendo la mirada a la vera del camino, mirando al dedo que señala, podemos ver lo inesperado o simplemente descubrir lo habitual desde un nuevo punto de vista.

Toni Palau (Tarragona, 1975) lleva unos años mirando hacia el dedo que señala en Austria, su país de adopción, a través del objetivo de una cámara."


1

Hoy Mateo, de DIVINOTINTO, la única y auténtica bodega española de Salzburgo, ha publicado mi exposición de fotos online. Podéis visitarla aquí, y también visitar mi álbum de flickr aquí. Y, a partir del martes 25 de marzo y durante dos meses, podéis visitarla en directo, acompañados de buen vino y buena conversación.

¡Espero que os gusten! :)

domingo, 17 de febrero de 2008

Extraño(s)

Hace un par de meses robaron en una joyería en Salzburgo. Ocurrió durante la noche, y las únicas imágenes del ladrón (de una cámara de vigilancia que había cerca) mostraron a un encapuchado rompiendo el cristal y llevándose joyas por valor de unos 10.000€. No había forma de descubrir la identidad del encapuchado (a pesar que parecía ser un hombre).

Curiosamente, el joyero parece tener un extraordinario sexto sentido que le permite, a pesar de la máscara, a pesar de la oscuridad, a pesar de la mala calidad de las imágenes, saber la nacionalidad del delincuente. O, como mínimo, la situación geográfica de su pueblo con respecto a Austria: hacia el Este. Queriendo compartir con todos los transeúntes su opinión sobre la política de la Unión Europea, colgó un cartel en el cristal roto de su escaparate que decía: "EU-Osterweiterung lässt grüßen!!!" ("¡¡¡Aquí tenemos la ampliación de la UE hacia el este!!!").



Austria siempre ha sido de los países más opuestos al acceso de terceros países a la Unión Europea. De hecho, Austria está más en contra del acceso de algún nuevo país (con la única excepción de Croacia) que cualquier otro país europeo. Según el Eurobarómetro 2006, un 62% de los austríacos están en contra del acceso de Macedonia, un 59% en contra del de Bosnia-Herzegovina, un 73% del de Albania y un 65% del de Serbia. Tan sólo un 5% de los austríacos están a favor del acceso de Turquía a la UE. Para comparar, el 24% de los griegos están a favor de dicho acceso.

En una encuesta del Eurobarómetro del 2005, el 73% de los austríacos pensaban que las diferencias culturales eran demasiado grandes para permitir el acceso de los turcos. La media de la UE25 era del 54%. Curiosamente, el 60% opinan que "la religión es irrelevante para decidir si un país debe ser aceptado como miembro o no".

Lo sorprendente, de todos modos, es que otros debates de ampliación de la Unión Europea han sido guiados de forma maestra por la clase política austríaca. Así, en el 2002 el Eurobarómetro mostraba a un 34% de los austríacos en favor del acceso de Croacia y a un 51% en contra. mientras que en 2005 estas cifras se habían convertido en un 55% a favor y un 40% en contra. Por el contrario, en 2002 un 32% de los austríacos estaban a favor del acceso de Turquía y un 53% en contra. En 2005 tuvimos al 10% a favor y al 80% en contra. No ha habido apenas ningún esfuerzo de la clase política en el caso de Turquía. Ahora, con un extraordinariamente bajo 5% a favor, nadie quiere ocuparse del tema por miedo a convertirse en blanco fácil para los oponentes políticos.

De una población total de 8.3 millones, un 9.4% son extranjeros. De éstos, poco menos del 88% son de fuera de la Unión Europea, en especial de los Balcanes y de Turquía. Una encuesta encargada por la embajada turca mostró que el 52% de los austríacos culpan a los inmigrantes en Austria de los problemas de integración. Es decir, la causa de los problemas es el rechazo de los inmigrantes a integrarse. Un 45% creen que no hay ninguna solución a los problemas de integración de la comunidad turca.

Yo pienso que, cuando de integración se trata, hay que poner algo de las dos partes. En primer lugar, hay que conocerse mutuamente como primer paso para aceptarse mutuamente. Que yo aprenda tu lengua no es suficiente. Tú debes familiarizarte con mis rituales y, aunque no los compartas, debes como mínimo entender que son importantes para mí y respetarlos. Aceptar, y no tolerar, pues en el tolerar va implícita la censura. En el tema de la integración, tengo la impresión que los austríacos están más o menos dispuestos a poner de su parte según lo que diga mi pasaporte.

Hay un restaurante italiano en Salzburgo en el que no podemos hablar alemán, porque no nos entienden. Sólo hablan italiano, pero ésto no parece molestar en exceso a ninguno de los numerosos clientes austríacos. Incluso se les celebra: "¡Qué gracia! No saben alemán. Son tan divertidos..."

¿Podemos imaginar los mismos comentarios ante un kebab turco?

domingo, 20 de enero de 2008

Sirenas de destrucción

Cada sábado, a las 12 en punto del mediodía, hacen sonar las alarmas de la ciudad de Salzburgo (y, por lo visto, las de cada pueblo y ciudad en Austria) como prueba durante medio minuto. Su sonido, largo y estridente, siempre me ha recordado a las alarmas antiaéreas. De hecho, podría bien ser que sean las antiguas alarmas de la Segunda Guerra Mundial, reaprovechadas como sirenas...

Salzburgo sobrevivió el final de la Segunda Guerra Mundial relativamente bien. Su posición geográfica, muy alejada de las fronteras del Deutsches Reich de entonces, la mantuvieron fuera del alcance de los bombarderos aliados hasta la muerte de Mussolini. Su poca importancia estratégica, en comparación con otras ciudades más industriales como Hallein, Linz o Graz, permitió que fuera más o menos ignorada incluso cuando los Aliados ya dispusieron de capacidad operativa desde Italia.

Los bombardeos aéreos sobre Salzburgo (un total de 15) comenzaron en octubre de 1944. La gente tenía que correr a refugiarse bajo las montañas, Kapuzinerberg y Festungsberg, en los refugios excavados en la roca. La Hexenturm (torre de las brujas), parte de antiguas defensas militares, no muy lejos del actual Schrannenmarkt, fue literalmente borrada del mapa. Uno de los depósitos de agua de la ciudad, en la Mönchsberg, también fue destruido, uniendo así la inundación al caos existente. Una bomba incluso entró en la catedral barroca, perforando la cúpula, pero no llegó a estallar. Se dice que la Virgen hizo un milagro...



Yo supe de los bombardeos sobre Salzburgo por primera vez en un libro que cacé hace un tiempo, una autobiografía del escritor Thomas Bernhard, que pasó su infancia en Salzburgo durante la Segunda Guerra Mundial.

Por suerte, nunca me he tenido que encontrar en medio de un bombardeo, y no tengo ni idea de cómo actuaría. Creo que el miedo me paralizaría por completo, pero espero no descubrirlo jamás. Lo que sí sé es que lo único que queda al final es destrucción, silencio, vacío. Pero nosotros los humanos no parece que aprendamos la lección.



La famosa vista de Dresde desde la torre del ayuntamiento me viene a la cabeza. O la quietud fantasmal del pueblo viejo de Belchite, destruido por las tropas nacionales durante la Guerra Civil y mantenido tal y como quedó como tributo y también como advertencia.

Espero no saber nunca qué se siente al caminar entre las ruinas de tu ciudad después de ser destruida. Pero me imagino que el corazón se debe encoger de forma parecida que al caminar por un bosque después de un incendio forestal. Es una imagen que jamás podré olvidar. Fue en Vespella, cerca de Tarragona. Había subido en bici hasta la cima de la colina, y al otro lado, hasta donde me alcanzaba la vista, no había más que desolación y paisaje lunar. Cadáveres de árboles, ennegrecidos y torturados. Cenizas. El olor a madera quemada. El silencio sobrenatural. Destrucción. El vacío más absoluto.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Evento de la marmota: Rupertikirtag

Hoy, 24 de septiembre, se celebra en Salzburgo el Rupertikirtag, la Fiesta Mayor. San Ruperto de Salzburgo es el patrón y protector de la ciudad y de la provincia de Salzburgo. A pesar que, según Wikipedia, San Ruperto es el 27 de marzo, en Salzburgo se le honra del 20 al 24 de septiembre. Ni idea del porqué.



El Rupertikirtag es bastante interesante, porque todos los museos de la ciudad pueden visitarse gratis, y también porque las escuelas, los bancos y los funcionarios tienen el día libre. Por desgracia no pertenezco a ninguno de estos colectivos, y por lo tanto he tenido que ir al currele como todos los días. Hay una especie de feria (llamada Dult) en las tres plazas que hay alrededor de la catedral. El buen tiempo que tuvimos el domingo fue una tentación demasiado grande para el fotógrafo aficionado que suscribe. ¡En estas ocasiones siempre se encuentran millones de pequeños detalles que fotografiar!





Me gusta el Rupertikirtag. Porque la patrona de Barcelona, La Mercè, se celebra el mismo día. Y la patrona de Tarragona, Santa Tecla, justo un día antes. No es lo mismo, pero me encanta la coincidencia.