domingo, 16 de diciembre de 2007

El Origen de Todas las Cosas

Cuando decides irte a vivir a otro país, debes tener muy claro que habrá muchas cosas que vas a echar de menos. Además de a tu familia y a tus amigos, por supuesto, la mayoría de cosas que acabas echando de menos te sorprenden, porque son más bien triviales, como los kikos, la música de la máquina tragaperras en un bar o los ceniceros con agua, y porque en muchos casos te das cuenta de lo que echas de menos cuando vuelves a verlo.

También hay cosas que sabes de antemano que echarás de menos. Antes de mudarnos a Austria le dije a un austríaco que una de las cosas que más iba a echar de menos era el mar. Me miró extrañado, y me dijo que no me preocupara, que aquí había muchos lagos a los que ir a nadar en verano. Claro. Genial. No son las actividades que uno puede hacer en el mar lo que me falta. Echo de menos el mar. Así, a secas. Pero no lo entienden. Tal vez no puedan entenderlo.



Por suerte sé que no estoy solo. Sé que alguien me entiende. Porque veo comprensión en los ojos azules de mi amigo K, en los que se adivina el reflejo del Mar del Norte ante la proa de su Phaleron. Porque veo comprensión en la sonrisa socarrona de una chica de Suecia, que se preguntaba cuál era la gracia que le encuentran los alemanes que se compran un barquito para dar vueltas a un lago.



Pero, ¿qué tiene el mar para que los que hemos crecido a su orilla lo echemos de menos de esta forma? ¿Por qué nos atrae el mar?

Mi madre siempre ha dicho que necesita tener el mar cerca porque representa una vía de escape. Porque sabiendo que el mar está ahí no se siente atrapada en tierra firme. Puede ser que haya algo de eso, aunque me parece que hay algo aun más profundo.



Porque el mar es el origen de todo. El mar nos dio la vida hace millones de años, y nos mantiene con vida desde entonces. Es el mar el que nos da el pan. Cuando estoy mirando al mar, me maravillo de su belleza, y podría pasar horas y horas observándolo, escuchando las olas romper en el acantilado, dejándome llenar por el olor a salitre y sal, respetando su poder infinito. Cuando estoy mirando al mar pienso que justo ahí, ante mí, comenzó todo. Y ver que sigue ahí, después de tanto tiempo, me da una sensación de calidez y seguridad muy parecida a la que se siente al volver al hogar. Porque, creo, el mar es en realidad nuestro hogar.



Vivo lejos del mar. Por suerte, sé que está ahí, y sólo necesito cerrar los ojos para ver los colores, para escuchar las olas soltando sus blancas cabelleras antes de morir en la arena de la playa con un murmullo.

3 comentarios:

ars dijo...

Cuando tenía 12 años una anciana de un pueblo de interior me pidió que le describiera el mar. -¿Cómo es ver tanta agua? - Me decía. No supe explicarlo. Ella murió poco después, nunca tuvo televisión aunque seguramente llegó a ver el mar en alguna postal. También los de interior están fascinados por el mar, pero saben que pueden vivir sin él, porque ya lo han hecho antes. Yo también echo de menos el mar. Supongo que siempre ha sido para mí un punto de referencia, un lugar al que siempre poder volver y encontrarme con la que fui al mirarlo casi con los mismos ojos de siempre.

El Sastre de Ulm dijo...

Tal vez te sorprenda, pero te entiendo perfectamente.

La ciudad de Valencia se dice que vive de espaldas al mar porque, al contrario de lo que ocurre en Alicante o Barcelona, el centro de la ciudad está a una distancia considerable de la costa. De hecho, los poblados marítimos han estado siempre fuera de la capital. Así que en Valencia puedes pasarte semanas, incluso meses, sin ver el mar.

Por eso, cuando me cambié de casa, hace algo menos de un año, fue una gran alegría descubrir que desde la ventana de mi abitación se ve el Mediterráneo. Podrá parecer una tontería, pero muchas mañanas, al levantarme, me quedo unos segundos mirando al mar bañado por el sol.

Tonicito dijo...

ars, yo tampoco sabría cómo explicar como es ver tanta agua... Me gusta lo que dices del mar como lugar al que siempre puedes volver. Porque siempre está ahí, pase lo que pase. Porque todos tendemos a volver a nuestros orígenes.

sastre, qué envidia me das, poder ver el Mediterráneo desde tu habitación... No es ninguna tontería, yo también lo haría!

¡Muchas gracias por vuestros comentarios! :)