domingo, 1 de febrero de 2009

Encuentros

El verano pasado, cuando estábamos recorriendo la costa nordeste de los Estados Unidos, nos apuntamos a un tour de observación de ballenas en Portland, en el estado de Maine. Yo estaba muy emocionado con la idea, porque había leído muchas veces que el primer encuentro con uno de estos magníficos cetáceos es una experiencia que jamás podrás olvidar: el tiempo se detiene mientras observas sus movimientos, los surtidores de su aliento, sus colas majestuosas sumergiéndose en el océano.

Wharf

Al toparnos con un animal salvaje sentimos una alegría difícil de explicar. Hace poco leí un artículo muy interesante en la Lufthansa Magazin de diciembre, en el que Stefan Nink hablaba de esta curiosa reacción, sobre lo que sucede cuando nos encontramos con un animal salvaje en su hábitat. Escribe Nink: "[...] Este tipo de encuentros nos dejan sin palabras y van a quedar grabados en nuestros recuerdos para siempre. Tal vez porque nos permiten darnos cuenta de qué es lo que hace que el mundo funcione. Porque, por el espacio de un instante, hemos podido vislumbrar algo de nosotros mismos."

El autor continúa identificando la probable causa de tal reacción: "Los psicólogos explican por qué encontrarnos con animales en la naturaleza nos afecta tan profundamente. Los humanos, dicen, cargamos permanentemente con una culpa subconsciente por habernos ido separando del medio natural conforme evolucionamos. Es por eso que sentimos tal alegría al encontrarnos cara a cara y sin esperarlo con un animal. También dicen que una parte de nuestra consciencia reconoce en él a un pariente lejano y antiguo."

Reh Pardal
Igel Contrallum

Yo he tenido la fortuna de encontrarme con bastantes animales salvajes, aunque la mayoría han sido más bien pequeños. Al vivir en un país en el que la naturaleza está ahí tan presente, resulta relativamente fácil toparse con algo, pero no por eso deja de ser una experiencia memorable. Hay algo en observar animales en la naturaleza que me produce el mismo tipo de atracción atávica que observar fuego en un hogar.

Nink termina su artículo de una forma muy bella: "A veces los animales parecen tener algo que los humanos hemos olvidado, parecen saber algo que nadie más conoce, excepto tal vez el viento. A veces sentimos algo de su poder y de su superioridad. Como al mirar a los ojos de un león o de un tigre, o cuando, durante una excursión a pie por los Andes, el cielo se oscurece por un instante cuando la sombra de un cóndor pasa sobre nuestras cabezas. Este tipo de encuentro es como un misterio revelado, y a menudo nos hará sentir como si el dedo de la creación nos hubiera tocado suavemente el hombro. Un encuentro así puede hacernos meditar sobre cómo los humanos tratamos al mundo, y si tal vez no sería un lugar mejor sin nosotros."

LangsamFahren

Aquel día, en Portland, Maine, estábamos preparados para nuestra expedición de observación de ballenas. Levamos amarros, salimos del puerto y nos adentramos en la frías aguas de Casco Bay con una gran emoción. Por desgracia, unos veinte minutos después de zarpar, el capitán decidió que había que dar media vuelta y volver a puerto.

Fog

Había demasiada niebla y no se podría ver absolutamente nada...

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