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domingo, 26 de septiembre de 2010

En la zona musical

Esta semana he conseguido algo que jamás había podido hacer: ir en bicicleta al trabajo cinco días seguidos, de lunes a viernes. No sólo es raro que el buen tiempo dure tanto y nos permita estos excesos, también es muy inusual que haya sido capaz de superar las miles de excusas que cada día por la mañana tengo a mi disposición para decidirme por el bus.

El camino sigue el curso del río Salzach. La mayor parte del trayecto transcurre en el camino para bicicletas, que no es más que un antiguo camino de sirga reconvertido, antaño transitado por caballos y bueyes que arrastraban río arriba las barcazas que, después de alcanzar las minas de sal de Hallein, volverían río abajo cargadas de la sal que dio a Salzburgo su nombre (“castillo de la sal”) y propició la inconmensurable riqueza de sus príncipes arzobispos.

El trayecto hasta la oficina tiene unos 17km y empleo en recorrerlo algo menos de una hora (no voy muy deprisa, la verdad). Los primeros dos días, en especial el martes por la mañana, fueron bastante duros, porque tuve viento de cara y aún arrastraba algo de cansancio de la excursión por la montaña que hicimos el domingo. También me obsesioné bastante con el cuentakilómetros, intentando no empeorar demasiado las estadísticas. Pero a partir del miércoles traté de ignorar el aparatejo y disfrutar del viaje.

Durante estos años de ir a la oficina en bicicleta a menudo, me he dado cuenta que hay una especie de estar “en la zona” en sentido físico, un delicado y maravilloso equilibrio de fuerzas entre las piernas y la resistencia del aire, del suelo y de la gravedad (por la pendiente). El truco está en hacer justo la mínima fuerza para mantener el ritmo del pedaleo, pero no más. Y si se mantiene este ritmo de forma ininterrumpida, cambiando de marcha cuando sea necesario, puedes recorrer kilómetros y kilómetros sin apenas darte cuenta.

Bicycle Ride

Lo divertido es que este estar “en la zona” también ocurre en la mente. Por lo menos, cuando llevo un rato manteniendo el mismo ritmo, equilibradas las fuerzas, mi mente se deja hipnotizar por el movimiento rítmico de las piernas, que se traslada a todo el cuerpo, y de ahí a la mente, hasta el punto que dejo de pensar conscientemente en mover las piernas, en llevar la bicicleta, y mi mente hace excursiones inconscientes a otros lugares.

En este estado mental, de forma invariable, la música hace acto de presencia. Supongo que el pedaleo rítmico actúa como un fabuloso metrónomo difícil de ignorar. Y no es que piense de manera consciente: Voy a cantar “La tuna compostelana”. Canciones y melodías aparecen en mi mente sin previo aviso. Vienen y se van, sin avisar, a veces pasando de unas a otras mediante vistosos arreglos que de bien seguro sería incapaz de hacer de forma consciente.

Esta es una selección de la música que me ha venido a la mente durante los trayectos en bicicleta de esta semana. Curiosamente, Johann Sebastian Bach parece estar firmemente anclado en mi cerebro:

  • Preludio de la Suite para violonchelo nº 1, BWV 1007, de J. S. Bach

  • Variación 1, Variaciones Goldberg, BWV 988, de J. S. Bach

  • Sinfonía nº 2, BWV 788, de J. S. Bach (escuchar)

  • Gabriel's Oboe, banda sonora de la película “La Misión”, de E. Morricone

  • Otra obra para dos violines de J. S. Bach (¡creo!) que puedo cantar pero aún no he averiguado cómo se llama Segundo movimiento (Largo) del Concierto para 2 violines, cuerdas y bajo continuo en re menor, BWV 1043, de J. S. Bach (escuchar)



Pero, sin ninguna duda, el ganador de esta semana ha sido el Preludio de la Suite para laúd nº 4, BWV 1006, de J. S. Bach. ¡Disfrutad!

viernes, 11 de junio de 2010

Buscando el agua desesperadamente



Tomateras time-lapse

martes, 2 de febrero de 2010

El día de la marmota

Hoy es el día de la marmota.

Como parte interesada, desde este blog celebramos esta bella tradición, importada a Norteamérica desde Centroeuropa, donde se ha perdido, y estamos ansiosos por saber cuál es el vaticinio que Phil y sus semejantes nos proporcionan para este año: ¿tendremos una pronta entrada de la primavera o nos quedan aún 6 semanas de invierno?

lunes, 31 de agosto de 2009

Dejando pasar las horas...

El final del verano se acerca.

El sol que cada tarde ha estado entrando, implacable, por mi ventana de la oficina, cada vez se esconde antes tras las copas de los abetos que coronan la montaña a cuyos pies nos encontramos. Un sol que, por cierto, prefiero capear con la ventana abierta y que, por lo menos, corra algo de aire, antes que seguir las abstrusas teorías austríacas sobre cerrar las ventanas para que el aire de dentro se mantenga fresco. Teoría ésta más que discutible y que tendría algo de validez, en todo caso, en combinación con una persiana u objeto opaco a la sazón. Invento que, por lo menos a mi oficina, no ha llegado todavía.

Se acerca, como decía, el final del verano. Es ésta la estación del año cuyo final espero con más ansia, por varias razones. En primer lugar, porque el final del estío marca el comienzo del otoño, y ésta sí es, con ventaja, mi estación favorita. En segundo lugar, porque con él se marchan también varios puntos negativos: deja de hacer calor, la basura deja de apestar, se puede dormir por la noche y la gente, en fin, deja de oler (tan) mal... En tercer lugar, el sol de verano es demasiado intenso y cae demasiado en vertical, y además ilumina un uniformemente aburrido tono verde que no da ningún juego a la fotografía.

Castanyers

Y es que, debo admitirlo, bajo peligro de ser relegado a la condición de paria social por mis convecinos aborígenes, no me gusta el verano. De hecho, es el último en mi lista de estaciones favoritas, a saber, otoño, en un disputado segundo y tercer puesto invierno y primavera y, finalmente, muy atrás, verano.

De todos modos, lo que sí tiene de bueno el verano son las tardes ociosas de domingo, sin nada mejor que hacer que pillar el bocadillo y la bicicleta, pedalear media horita hasta Hellbrunn, tumbarse a la bartola y dejar pasar la tarde, leyendo, dormitando, comiéndose el bocata, haciendo fiestas a perretes simpáticos que vienen a visitarnos y, en fin, disfrutando de lo lindo de mi palabra favorita de hoy: Müßiggang, que significa nada menos que ociosidad.

Muessiggang

En fin, dejémonos llevar por la Müßiggang en el camino de vuelta a casa...

sábado, 15 de agosto de 2009

¿Llego tarde?

Ya sabéis que tengo debilidad por los dientes de león. Me parecen unas flores fascinantes en muchos sentidos, aunque no es ésta una opinión muy extendida entre la gente que gusta de cuidar sus jardines.

Uno de los hechos fascinantes sobre los dientes de león es su estrategia reproductora. Muchas especies de diente de león se reproducen por apomixis, un tipo de reproducción asexual, es decir, que no hay dos "progenitores" que combinan su material genético para dar lugar a "descendencia", sino que un solo individuo es capaz de producir copias genéticamente idénticas de sí mismo.

Este tipo de reproducción, basada en una duplicación exacta del material genético, no es muy distinta de la división celular que ocurre en nuestros cuerpos todo el tiempo, cuando nuestro pelo o nuestras uñas crecen, o cuando nuestra médula ósea produce nuevos glóbulos rojos. En cierto sentido, los dientes de león y otras especies que también se reproducen asexualmente cuestionan nuestra concepción de lo que es un organismo.

En su libro The Extended Phenotype el etólogo británico Richard Dawkins habla de una curiosísimo hecho acerca de organismos y dientes de león (la negrita es mía):

"Janzen (1977) aborda esta misma dificultad sugiriendo que un grupo de clones de diente de león debería de ser considerado como un 'individuo evolutivo' [...], equivalente a un árbol, que se extiende por el suelo en vez de elevarse hacia el aire en un tronco y que está dividido en 'plantas' físicas separadas [...]. Según este punto de vista, puede que haya tan sólo cuatro dientes de león compitiendo entre sí por todo el territorio de Norteamérica. [...]"
Dawkins, R.: The Extended Phenotype, Oxford University Press, New York, 1982, p.254

Estamos a mitad de agosto y el punto álgido de la temporada de floración de los dientes de león ya hace meses que ha pasado. ¿Pasado? Si uno se fija bien, aún podemos encontrarnos con los típicos tardones, los que llegan tarde a todas partes.

Am I late?

Y si te agachas y te acercas a ellos lo suficiente, tal vez puedas escucharlos preguntándose: Pero, ¿qué pasa aquí? ¿Dónde se ha metido todo el mundo?

martes, 16 de junio de 2009

Great Plains

He visto la tierra cubierta por una gruesa capa de hielo, cuyos reflejos con los rayos oblicuos del sol eran de una belleza capaz de hacer aflorar lágrimas a los ojos de cualquier mortal.

He visto el hielo fundirse para dejar paso a un vasto océano primigenio en cuyo vientre todo comenzó.

He visto el violento choque de los continentes, he visto masas de tierra emerger, he visto organismos verdes conquistarlas.

He visto el nacimiento de gigantescas montañas de roca en el oeste.

He visto una brillante explosión en el sureste que trajo consigo frío, hambre y muerte.

He visto al océano dejar paso a un mar de hierba, en cuyos vastísimos pastos moraban gigantescas manadas de bisontes, más allá de donde alcanza la vista, mucho más allá de mis extensos dominios.

He visto a la Gente Roja viviendo en equilibrio con la Naturaleza, alimentándose de los bisontes y reverenciándolos al mismo tiempo.

He visto la Gran Corriente en el este.

He visto a las primeras Gentes Blancas llegar desde el sur, impulsados por la codicia, en busca de los descendientes de los siete obispos de Mérida, en busca de las míticas ciudades de Cíbola y Quivira. Los he visto fracasar.

He visto a las siguientes Gentes Blancas llegar desde el este, al principio en carretas de frágil construcción, más tarde montados en humeantes corceles metálicos, siguiendo incansables sus brillantes caminos.

He visto a la Gente Blanca cazar millones de bisontes para vender sus pieles y sus huesos, dejando el resto para la podredumbre. He visto la práctica extinción de los bisontes por pura codicia.



He visto Gentes Blancas forzando a Gentes Rojas a marcharse, hacia el oeste o a encerrarse en reservas.

He visto millones de asentamientos, he visto la tierra dividida en innumerables granjas de no más de 500 acres, pobres Gentes Blancas intentando sobrevivir de ellas.

He visto avances tecnológicos abrir hondas heridas en la tierra. He visto arados con el poder de destrozar el suelo, el mismo suelo que podía retener la humedad incluso en largos períodos de sequía.

He visto a la gente creer erróneamente que el clima de la región había cambiado, que era cierto que "el arado llama a la lluvia". He visto la tierra convertida en granero para los contendientes de una guerra lejana. He visto mecanización. He visto exprimir la tierra hasta agotar la última de sus riquezas.

He visto el retorno de la sequía. He visto las capas superiores de la tierra siendo literalmente arrastradas en mis brazos en tormentas de arena, he transportado el suelo a miles de millas hacia el este, depositando la mayor parte en el fondo del océano. He creado ventiscas negras en medio continente.



He visto millones de personas forzadas a abandonar sus casas enterradas bajo la arena. Los he visto cargar sus míseras posesiones en camionetas destartaladas y emprender el viaje hacia el oeste, la tierra de los naranjos en flor y los ríos de miel... o eso es lo que ellos creían. He visto miseria, hambruna y muerte.

He visto miles de pueblos fantasma.

He visto extraños círculos en la tierra, he visto consumir agua mucho más rápido de lo que puede regenerarse.



He visto elegantes torres blancas crecer en la tierra. Voy a regalarles una pequeña parte de mi infinita energía.



(todas la imágenes han sido tomadas de Wikimedia Commons)

lunes, 4 de mayo de 2009

A vueltas con el saúco

Seguramente os acordáis de mi historia sobre un saúco parásito que crecía sobre un arce.

Bueno, pues al "arce" ha echado finalmente sus hojas y ¡he descubierto que no es ningún arce! Tiene hojas compuestas en vez de la archiconocida hoja del arce. Fijándome bien, el tronco tampoco se parece al de los demás arces y le crecen afiladas espinas en las ramas.

Robinia pseudoacacia

Estas hojas me han recordado a algunas acacias que crecían en Tarragona cuando era pequeño. Recuerdo que me gustaba mucho la forma ovalada de sus foliolos. Después de algo de búsqueda en internet creo que he descubierto la identidad real de mi árbol misterioso: se trata de una robinia (Robinia pseudoacacia), también llamada acacia de flor blanca. Aunque la robinia en realidad no pertenece a la familia de las acacias, guarda con ellas una gran similaridad.

Y ahora ya no estoy seguro de que el saúco haya frenado realmente el brote de las hojas de la robinia, o si, sencillamente, los arces son más rápidos en sacar las hojas que la robinia. Pero bueno, también he descubierto un par de robinias (¡sin saúco!) que crecen cerca. Ya tienen todas las hojas, ¡lástima que no me fijara cuando las echaron!

Tendré que continuar con mis observaciones campestres el año que viene...

lunes, 27 de abril de 2009

Dandelion



Ellos ven Unkraut (mala hierba)...

... yo veo la incomparable belleza del éxito evolutivo.

Dandelion

lunes, 20 de abril de 2009

Caprichosa naturaleza

A veces la naturaleza nos sorprende con escenarios que parecen salidos de una película de terror, como por ejemplo este árbol, que se está vengando de los que le clavaron una señal de tráfico, poco a poco pero sin pausa...

Revenge

Otro de estos escenarios, no tan terrorífico pero no por ello menos sorprendente, está en el camino al lado del río por el que voy cada tarde de mi oficina a la parada del autobús. A la vera hay una hilera de arces. El año pasado me di cuenta que sobre uno de ellos, sin tener muy claro cómo, crece un saúco. Lo vi porque las flores del saúco son inconfundibles, en pinta y en olor. "Qué raro", pensé, "¿cómo habrá ido a parar este saúco ahí arriba?"

Elder on maple tree 02

Estos días vengo observando el arce del saúco, y me he dado cuenta de algo interesante: Así como los demás arces de la hilera ya tienen gran cantidad de hojas, verdes y bien formadas, el que sirve de base al saúco apenas si empieza a lanzar los primeros brotecillos, mientras que el saúco no sólo tiene todas sus hojas en ristre, sino que también está empezando a echar flores.

Elder on maple tree 01 Maple tree without elder
Aquí puede verse la diferencia entre el arce del saúco (izquierda) y uno normal (derecha). El segundo tiene muchísimas más hojas, mientras que en el primero el único que tiene hojas es el saúco.

Es decir, el saúco en cuestión es, en toda regla, un parásito del arce. Uno jamás es demasiado mayor como para dejar de sorprenderse...

sábado, 4 de abril de 2009

Conciencia ecológica

Últimamente me he descubierto a menudo pensando y leyendo sobre la vida en nuestro planeta, sobre sus primeros balbuceos, su estado actual y su futuro.

Mi conciencia ecológica se ha ido forjando con el tiempo, a partir de mi adolescencia, a través de la lectura y la curiosidad por mi entorno. Pero creo que la auténtica raíz de este sentimiento, mi despertar al papel que la humanidad juega con respecto al medio ambiente, está más atrás, en mi infancia, en dos canciones de Joan Manuel Serrat que forman parte del subconsciente colectivo de gran parte de mi generación, gracias a nuestros padres y al milagro del tocadiscos y el radiocassette.



Pare
digueu-me què
li han fet al riu
que ja no canta.
Rellisca com un barb
mort sota un pam
d'escuma blanca.

Pare
que el riu ja no és el riu.
Pare
abans que torni l'estiu
amagui tot el què és viu.

Pare
digueu-me què
li han fet al bosc
que no hi ha arbres.
A l'hivern
no tindrem foc,
ni a l'estiu lloc
on aturar-nos.

Pare
que el bosc ja no és el bosc.
Pare
abans de que es faci fosc
tanquem la vida al rebost.

Sense llenya i sense peixos,
pare,
ens caldrà cremar la barca,
llaurar el blat entre les runes,
pare,
i tancar amb tres panys la casa,
Ai, dèieu vostè...

Pare
si no hi ha pins
no es fan pinyons
ni cucs ni ocells.
Pare
si no hi ha flors
no es fan abelles,
cera ni mel.

Pare
que el camp ja no és el camp.
Pare
del cel avui ens plou sang.
El vent ho canta plorant.

Pare
ja són aquí!
Monstres de carn
amb cucs de ferro.
Pare
no, no tingueu por,
digueu que no,
que jo us espero.

Pare
que estan matant la terra.
Pare
deixeu de plorar
que ens han declarat la guerra.

Padre
decidme qué
le han hecho al río
que ya no canta.
Resbala como un barbo
muerto bajo un palmo
de espuma blanca.

Padre
el río ya no es el río.
Padre
antes de que vuelva el verano
esconded todo lo que está vivo.

Padre
decidme qué
le han hecho al bosque
que no tiene árboles.
En invierno
no tendremos fuego,
ni en verano lugar
donde reposar.

Padre
el bosque ya no es el bosque.
Padre
antes de que oscurezca
guardemos la vida en la despensa.

Sin leña y sin peces,
padre,
tendremos que quemar la barca,
labrar el trigo entre las ruinas,
padre,
y cerrar con tres cerrojos la casa,
Ay, decíais vós...

Padre
si no hay pinos
no se hacen piñones
ni gusanos ni pájaros.
Padre
si no hay flores
no se hacen abejas,
cera ni miel.

Padre
el campo ya no es el campo.
Padre
del cielo hoy nos llueve sangre.
El viento lo canta llorando.

Padre
¡ya están aquí!
Monstruos de carne
con gusanos de hierro.
Padre
no, no tengáis miedo,
decid que no,
que yo os espero.

Padre
están matando la tierra.
Padre
dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.



Esta canción se encuentra, como decía, en un rincón tan profundo de mi inconsciente, tan clavada en mi alma, que grandes lagrimones corren por mis mejillas cada vez que la escucho. Lo mismo ocurre con la segunda, Plany al mar (Elegía al mar), para la que prefiero que sea el mismo Serrat el que traduzca sus bellísimas estrofas.




Bressol de vida, camins de somnis, pont de cultures,
ai!, qui ho diria,
que ha estat el mar?

Mireu-lo fet una claveguera,
mireu-lo anar i venir sense parar.

Sembla mentida que en el seu ventre es fés la vida.
Ai!, qui ho diria
sense rubor?

Mireu-lo fet una claveguera
ferit de mort.

De la manera que el desvalissen i l'enverinen,
ai!, qui ho diria
que ens dóna el pa?

Mireu-lo fet una claveguera,
mireu-lo anar i venir sense parar.

On són els savis i els poderosos que s'anomenen
ai!, qui ho diria,
conservadors?

Mireu-lo fet una claveguera
ferit de mort.

Quanta abundància, quanta bellesa, quanta energia,
ai!, qui ho diria?,
feta malbé.
Per ignorància, per imprudència, per incosciència
i per mala llet.

Jo que volia que m'enterressin entre la platja,
ai!, qui ho diria?,
i el firmament.

I serem nosaltres,
ai!, qui ho diria?
els qui t'enterrem.

domingo, 29 de marzo de 2009

Nueva vida

Ya he hablado anteriormente sobre mi afición a cultivar especies mediterráneas en Austria. Pues bien, nuestros naranjos están creciendo muy bien, pero estoy empezando a perder la esperanza de que el pino salga adelante. Creo que se congeló durante las pasadas Navidades, mientras estábamos en España.

Tengo mucho miedo del día en que deba aceptar lo inevitable y tirar al pobre arbolito a la basura. Sabiendo lo triste que me voy a poner ese día, he decidido empezar a compensar su pérdida plantando nueva vida antes de que llegue el momento fatídico. Por si las moscas.

Todo comenzó en el Paleoproterozoico, unos 3000 millones de años atrás, cuando se fundió la capa de hielo de la glaciación makganyena (que posiblemente cubriera la totalidad del planeta), dando lugar a un vastísimo océano primigenio.

Dos tipos de organismos sobrevivieron bajo la capa de hielo y rápidamente poblaron la práctica totalidad de dicho océano. Archaea, que utilizaban varias fuentes de energía diferentes como azufre y amoníaco y liberaban metano como producto de desecho, y un nuevo tipo de bacterias, las cianobacterias, capaces de obtener energía a través del proceso llamado fotosíntesis, que convierte luz solar y dióxido de carbono (CO2) en energía, liberando oxígeno (O2) como producto residual.

Ur-Ocean

Estas cianobacterias tuvieron tal éxito reproductivo y colonizador que de hecho modificaron la composición química de la atmósfera terrestre, lo cual iba a modelar los derroteros de la vida sobre la Tierra durante los siguientes 3000 millones de años. Antes de que aparecieran las cianobacterias la atmósfera apenas si contenía oxígeno molecular. El oxígeno libre en grandes cantidades resultaba tóxico para la mayoría de organismos de entonces, en especial para las arqueas. La mayor parte de la vida terrestre desapareció en lo que se conoce como la Gran Oxidación o crisis del oxígeno(*).

Sin embargo, es de sobra conocido que graves crisis ambientales como esta Gran Oxidación son también el origen de importantes avances evolutivos: no tardaría en aparecer una nueva clase de bacterias, llamadas aeróbicas, que utilizaban oxígeno, disponible ahora en grandes cantidades, como fuente de energía, produciendo dióxido de carbono como residuo. Y eso no fue todo, sino que en un toque de genio evolutivo, algunas archaea, acuciadas por el serio aumento de oxígeno tóxico en la atmósfera, incorporaron cianobacterias o proteobacterias (un tipo de bacterias aeróbicas) en su interior a través de la membrana celular y utilizaron parte de la energía producida por ellas para mantenerse con vida. Este brillantísima finta, conocida como endosimbiosis, sería el origen de la célula eucariota, que contiene varias estructuras internas separadas por membranas y potencialmente especializadas en distintas funciones.

Las archaea que se asociaron con bacterias aeróbicas, que consumían oxígeno, fueron la base de los organismos multicelulares que darían origen al reino animal, del cual también los humanos formamos parte (**). A partir de las archaea que se asociaron con cianobacterias, productoras de oxígeno mediante fotosíntesis, se originaría el reino vegetal, es decir, organismos multicelulares capaces de obtener energía del sol mediante la fotosíntesis.

Tarongers(***)

En esta historia he estado pensando esta mañana, en este largo camino evolutivo, mientras sembraba semillas de naranjo y de limonero para darle otra oportunidad a la vida vegetal.

¡Despertad, pequeñas semillas!, ¡despertad! Despertad de vuestro largo sueño, dejad que la luz y el agua os pongan en alerta y consumad una vez más el milagro de la vida.

(*) Esta crisis del oxígeno en el Paleoproterozoico elevó la concentración de oxígeno en la atmósfera hasta un 4%. Para alcanzar el nivel actual (21%) iba a ser necesaria la colonización masiva de la tierra firme por parte de plantas y bosques.

(**) No todas las archaea desaparecieron de la Tierra en el Paleoproterozoico, ni mucho menos. Innumerables tipos de archaea viven aún entre nosotros, en los lugares más insospechados. Algunas de ellas, por ejemplo Methanobrevibacter smithii, viven en nuestro intestino y nos ayudan a realizar la digestión.

(***)
Taronger significa "naranjo" en catalán.

viernes, 20 de febrero de 2009

Nieve

Me encanta cuando nieva.

Porque tus caminos habituales se disfrazan de blanco y debes seguir las huellas de los que han pasado antes de ti para llegar a tu destino.

Schneeweg

Porque si miras tu abrigo suficientemente de cerca, es posible que veas cristales de nieve perfectamente formados, cuya belleza te va a cautivar.

SchneeFlocken

Porque el silencio que lo envuelve todo es casi sobrenatural. No puedo imaginarme nada más relajante que mirar caer la nieve desde la ventana.



Porque no puedo resistir la tentación de pasar la mano sobre la nieve recién caída.

Schneeaufräumen

En serio, me encanta cuando nieva.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Favonius en acción

Esta mañana he salido de casa a las siete menos cuarto equipado, como cada día desde hace ya unas semanas, con una bufanda. Y me ha dado la bienvenida una auténtica bofetada de calor que me ha hecho desprenderme de ella a los pocos pasos. A esas horas debíamos estar ya a unos 18ºC. ¿Cómo es posible? ¿Será que ahora con Obama en noviembre dejará de hacer frío? ;)

Pues no. Se trata del Alpenföhn, un efecto peculiar producido por los Alpes. Cuando una masa de aire se ve obligada a ascender para salvar una cordillera, el agua se condensa y cae en forma de lluvia en la ladera de barlovento. Al superar la cima, el aire "cae", prácticamente perdida toda la humedad, y aumenta la temperatura de forma más que considerable, pudiendo producir oscilaciones de hasta 30ºC en el valle situado a sotavento.


(Imagen obtenida de Wikimedia Commons)

El nombre Föhn proviene del dios romano Favonius, personificación del viento del Oeste. Luego pasó por el retorrománico favuogn y fuogn hasta llegar al alemán moderno como Föhn. Curiosamente, a un secador de pelo se le llama Fön así, sin "h". Según leo, el nombre fue registrado por la casa AEG en los años 20.

El Föhn se asocia a menudo con migrañas y psicosis. Un estudio de la Universidad Ludwig Maximilian de Munich sostiene que suicidios y accidentes aumentan en un 10% los días de Föhn. De hecho, existe la palabra Föhnkrankheit (literalmente, enfermedad del Föhn) que, en numerosas ocasiones, nos puede servir de excusa perfecta para justificar un bajo rendimiento en el trabajo, un apetito desmesurado, o simplemente una apatía generalizada.

Por cierto, que en España también hay vientos Föhn: el viento del sur o surada en Cantabria, el fogony en el Pirineo de Lleida o el cierzo en el de Huesca, o el terral en Málaga, entre otros.

Bueno, voy a dejarlo, porque hoy, con el Föhn, pues ya se sabe...

viernes, 24 de octubre de 2008

Los días se acortan...

... noviembre está a las puertas y ya he hecho por última vez este año el camino a la oficina en bicicleta ...

Untersberg

... el Sol surca el cielo cada vez más bajo, largas sombras y maravillosa luz de puesta de sol durante todo el dia ...

Festung

... y el Frío y la Oscuridad se preparan para cubrir el hemisferio norte durante los próximos meses. Extrañas esculturas orgánicas se pasean por la ciudad durante la noche ...

DarknessCreature

domingo, 29 de junio de 2008

El gorrón de Hellbrunn

A veces este país es tan bucólico que parece hasta mentira. Aunque, si te fijas bien, también hay gorrones. Hélos:



Vamos a ver qué hace la selección. A la otra orilla, al país vecino. ¿Quién dijo miedo? ;)

domingo, 1 de junio de 2008

¡Que llueva!, ¡que llueva!

Las riberas del Mediterráneo son una tierra dura.

Una de las primeras cosas que llaman la atención del expatriado mediterráneo al llegar a Austria es el verdor, ese verde saturadísimo, casi sobrenatural, que de puro brillante provoca dolor a unos ojos acostumbrados a los ocres rojizos de la tierra, al amarillo de la genista y la aliaga, al azul infinito del mar y al verde polvoriento de los olivos.

Al poco tiempo de vivir aquí, uno pronto descubre el porqué de ese verdor: la flora tiene una vida muy fácil en esta tierra, porque la lluvia es frecuente y abundante. Por eso los árboles crecen y crecen hasta convertirse en titanes de 30 y 40 metros de altura. Por eso adentrarse en el bosque fuera de senderos es casi misión imposible en primavera y verano si no se lleva un machete.

Las riberas del Mediterráneo, decía, son una tierra dura. Porque la lluvia es un bien cada día más escaso, además de caer, cuando lo hace, de forma violenta en un margen muy pequeño de tiempo, sobre un suelo seco que, incapaz de absorberla, acaba sufriendo inundaciones en vez de producir cosechas.

flors figuera de moro

Pero la vegetación mediterránea es, como sus gentes, vieja y sabia, y sabe esperar con paciencia, reservando sus energías para esas cuatro gotas de lluvia que caerán, sino hoy, tal vez mañana, o la semana que viene, o el mes que viene. Y cuando esas cuatro gotas caen al fin, saca fuerzas de la nada, lanza raíces para bebérselas ansiosa, echa diminutos brotes que le permitan seguir almacenando esa luz, ese sol, acumulando de nuevo fuerzas para la siguiente sequía.

brotes xiprers

Me fascina la vegetación mediterránea porque se aferra a la vida con ansia desgarradora y sale adelante a pesar de un entorno bien hostil. Me gusta porque me recuerda a sus gentes, a mis gentes, que convirtieron un erial en terreno cultivable a base de sudor, lágrimas, esfuerzo y tesón, bajo un sol implacable que todo lo quema.

pins

La semana pasada estuvimos en Cataluña. Al volver, mis compañeros de oficina me preguntaron, como de costumbre, si habíamos tenido buen tiempo. Y yo les respondí que sí, que nos llovió todos los días y que nos había hecho el mejor tiempo que podía imaginarse. No estoy seguro que comprendieran mi sonrisa ni la alegría que llenó mi corazón al ver mi tierra verde y viva.

rambla

lunes, 12 de mayo de 2008

Sigue a tu nariz

Una de las consecuencias del enorme éxito que ha tenido, evolutivamente hablando, la especie humana es la cada vez mayor acusada pérdida de contacto con la Naturaleza. Vivimos dentro de "cajas" de piedra, hormigón o ladrillo, a varios metros sobre el nivel del suelo, podemos pasar días enteros sin tocar tierra con nuestras manos, bebemos el agua embotellada y comemos productos que vienen en bandejitas blancas envueltos en plástico transparente.

Ciertas habilidades que tenían nuestros ancestros han desaparecido sin dejar rastro (de la misma forma que lo harán, con toda probabilidad, nuestros dedos de los pies). Otras aún están ahí, pero me resulta más que dudoso que nos pudieran servir, en su estado actual, para sobrevivir y progresar en el entorno más bien hostil en que vivieron los primeros primates superiores.

Pensaba yo en esto ayer, cuando en una excursioncilla por las orillas del Danubio en el Wachau, descubrí unas espigas que, con toda seguridad, eran las mismas que había en el patio de mi escuela, con las que jugábamos de pequeños arrancándolas de cuajo entre el dedo índice y el pulgar (aún puedo recordar perfectamente el ruido como de rasgado que producían al ir formando un bonito "erizo" entre mis dedos) para lanzárselas a los compañeros, puesto que quedaban pegadas a la ropa, en especial a los jerseys de lana. (*)

Lo curioso del caso es que fui muy consciente de cómo el recuerdo se formó en mi mente, primero ver las espigas a la margen del camino, luego imaginarme a mí mismo arrancándolas, luego tocarlas, luego recordar el ruido, luego descubrir la calidez del recuerdo ...

Espigas

Por el contrario, cuando algún olor me despierta un recuerdo, al menos en mi caso, el recuerdo está ahí de forma inmediata, instantánea, como si la nariz tuviera línea directa con la memoria. Y a pesar que a menudo se trata de recuerdos que creía olvidados, en realidad tan sólo requieren del olor preciso para reparecer en todo su esplendor, con todo lujo de detalles, como si estuviera reviviendo aquello una vez más.

Siempre he creído tener un olfato bastante fino. Supongo que es para compensar la miopía y una ligera dureza de oído que se va acentuando con el tiempo. Y es curioso, porque creo que, de todos los sentidos, el olfato es de los que tienen una conexión más directa con el cerebro. Y no precisamente con la parte más consciente del cerebro, sino con los "bajos fondos", con aquella capa cerebral que controla los instintos y las bajas pasiones. Porque el olfato ya estaba ahí mucho antes que se formara la consciencia, y la memoria seguramente también estaba ahí antes que la consciencia.

Me gusta cuando voy en bicicleta hacia la oficina porque, en esta época, puedo oler donde hay matas de Bärlauch a pesar de ser incapaz de verlas (ya comenté lo de la miopía, ¿verdad? ;)). Me encantan los distintos olores que llenan los pasajes de Salzburgo según el día de la semana, según la hora, según el pasaje. Los sábados por la mañana el pasaje que parte de la casa natal de Mozart y llega a la Universitätsplatz huele a horno de carbón y a salchichas. Cerca de la Konditorei Schatz siempre huele a pasteles. El pasaje del Balkan Grill huele a misteriosa mezcla de especias y el pasaje del restaurante japonés Nagano huele, a veces, a salsa de soja y a algas.

Me gusta el sentido del olfato, porque representa un testimonio de nuestro pasado silvestre, cuando distinguir la procedencia de un olor amenazante o de una fuente de alimento podían marcar la diferencia entre sobrevivir o morir. Porque nos recuerda que no somos más que animalejos, algo evolucionados, eso sí, pero animalejos al fin y al cabo. Me gusta porque se me acelera el pulso al sentir el olor de alguien querido que se acerca por detrás. Me gusta a pesar que a veces, cuando alguien se pasa con el perfume o la colonia, muera por ahogamiento en el ascensor. Me gusta porque, de vez en cuando, me trae recuerdos de mi infancia, de cuando en el patio del cole nos lanzábamos espigas los unos a los otros, cuando no nos había llegado aún la época de ir persiguiendo a las niñas...

Patitos

(*) Me dice Mar que ellos las llamaban plantas de los novios, porque el número de espigas que se te quedaban clavadas representaba el número de novios/-as que tenías.

domingo, 23 de marzo de 2008

El pulgar verde

Debo hacer una confesión. Hace unos cuantos años que formo parte de una célula durmiente de la L.A.D.I.L.L.A. (Liga Anti-Desertización Internacional - Legión Local Austria). El desierto avanza, en nada tenemos al Sáhara a las puertas diciendo hola buenas. Y hay que plantarle cara.

Hay varias teorías al respecto. Los hay que dicen que la última esperanza del Sur y el Levante español son los alcornoques. Del alcornoque se obtiene el corcho que, en su gran mayoría, se utiliza para los tapones de las botellas de vino. Ergo, si queremos frenar al Sáhara, ¡bebamos vino! Pero, ¡ea!, sólo si lleva tapón de corcho.

Según otra corriente de pensamiento, hay que luchar desde la retaguardia, organizando una especie de campamentos para especies autóctonas mediterráneas en lugares de lluvias más abundantes. Hace un tiempo, comiendo una naranja de las de verdad, con sus pepitas, tuve una revelación, y decidí unirme a la lucha silenciosa. Plantamos unas cuantas pepitas y, para nuestra sorpresa, brotaron cuatro tallos diminutos. Ahora han pasado casi seis años y los naranjos, en su adolescencia, nos regalan un pequeño aliento de Mediterráneo desde el alféizar de la ventana.

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Y a propósito de Mediterráneo, nuestro siguiente huésped fue un pino piñonero, que vino con nosotros a Austria en forma de piñón recogido por el tío Valentín cerca del Prat de Llobregat, y al cual despertó a la vida la luz de nuestra nevera (aquí podría decir que son cosas de la estratificación fría, pero para qué engañarnos, tenemos que limpiar más a menudo...). Después de una infancia algo complicada, parece haber cogido el buen camino, a pesar de la poca fe familiar.

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Hoy, aprovechando que he plantado unos bulbos de narciso que adoptamos ayer en el mercado, he pasado toda la mañana organizando actividades para nuestros arbolitos, como buen monitor de campamentos. Otro día hablaré de la sección suculenta de mis campamentos austríacos...

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Algún día, cuando podamos dejar de referirnos a nuestros arbolitos en diminutivo, los llevaremos de vuelta, al frente, pues toda pequeña ayuda es buena en esta lucha tan desigual.

martes, 11 de marzo de 2008

A vueltas con la salchicha...

El otro día, hablando de la salchicha y de sus curiosos usos en expresiones alemanas, me preguntaba sobre el significado de la palabra bledo (como en "me importa un bledo").
Bueno, pues nada como tener lectores atentos y leídos que, rápidamente, no sólo me señalaron que un bledo es una planta, sino que también me consiguieron una foto.



Increíble, ¿verdad? ;)

jueves, 18 de octubre de 2007

Luz de otoño

A veces me pregunto cuál es mi estación favorita: el verano tiene algunas indiscutibles ventajas, me encanta oír mis pisadas sobre la nieve en invierno, y la primavera tiene la belleza de la vida recién estrenada. Pero si tuviera que escoger, me quedaría con el otoño.

Tengo una cierta tendencia a ponerme melancólico de vez en cuando, y cuando la Naturaleza muestra su cara más gris, siento una especie de extraña satisfacción interna al sentirme así, porque la melancolía parece que acompaña más en el frío y lluvioso noviembre que en el brillante y soleado mayo. Supongo que es mi carácter el que me lleva a escoger el otoño.

Pero hay otra razón, en realidad dos. En primer lugar, los árboles visten los más increíbles colores en otoño. Podría pasarme horas disfrutando de la sinfonía visual tocada por el bosque año tras año. En segundo lugar, estos colores tan especiales disponen del mejor foco de luz del año: un Sol aún brillante cuya luz cae en un ángulo bajo. Y esta combinación, queridos lectores, es el sueño del fotógrafo aficionado.



Se dice que los mejores momentos del día para la fotografía son el alba y la puesta de sol. Y hay una razón para ello: cuando el Sol está muy alto en el cielo, la luz tan sólo atraviesa una delgada capa de atmósfera antes de llegar hasta nosotros, y es demasiado intensa, produce feas sombras duras y quema nuestros sujetos. Contrariamente, cuando el Sol está más bajo, la luz debe atravesar más atmósfera, y adquiere en este viaje un maravilloso tono rojo cálido. Esto sucede después del alba y antes de la puesta de sol.



El problema del alba y la puesta de sol es que la luz es también mucho más débil que a mediodía, y uno debe pillar realmente el momento justo. La luz de otoño es como la luz de después de amanecer, porque cae en un ángulo bajo, pero aún tiene la fuerza suficiente para iluminarlo todo con un cálido tono que es un gozo capturar en una foto. Incluso diría que el color del cielo es distinto en otoño. Como si fuera aún más azul, más intenso que nunca.



Me encanta la luz de otoño...