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lunes, 10 de enero de 2011

BWV 788

sábado, 9 de octubre de 2010

BWV 1010

domingo, 26 de septiembre de 2010

En la zona musical

Esta semana he conseguido algo que jamás había podido hacer: ir en bicicleta al trabajo cinco días seguidos, de lunes a viernes. No sólo es raro que el buen tiempo dure tanto y nos permita estos excesos, también es muy inusual que haya sido capaz de superar las miles de excusas que cada día por la mañana tengo a mi disposición para decidirme por el bus.

El camino sigue el curso del río Salzach. La mayor parte del trayecto transcurre en el camino para bicicletas, que no es más que un antiguo camino de sirga reconvertido, antaño transitado por caballos y bueyes que arrastraban río arriba las barcazas que, después de alcanzar las minas de sal de Hallein, volverían río abajo cargadas de la sal que dio a Salzburgo su nombre (“castillo de la sal”) y propició la inconmensurable riqueza de sus príncipes arzobispos.

El trayecto hasta la oficina tiene unos 17km y empleo en recorrerlo algo menos de una hora (no voy muy deprisa, la verdad). Los primeros dos días, en especial el martes por la mañana, fueron bastante duros, porque tuve viento de cara y aún arrastraba algo de cansancio de la excursión por la montaña que hicimos el domingo. También me obsesioné bastante con el cuentakilómetros, intentando no empeorar demasiado las estadísticas. Pero a partir del miércoles traté de ignorar el aparatejo y disfrutar del viaje.

Durante estos años de ir a la oficina en bicicleta a menudo, me he dado cuenta que hay una especie de estar “en la zona” en sentido físico, un delicado y maravilloso equilibrio de fuerzas entre las piernas y la resistencia del aire, del suelo y de la gravedad (por la pendiente). El truco está en hacer justo la mínima fuerza para mantener el ritmo del pedaleo, pero no más. Y si se mantiene este ritmo de forma ininterrumpida, cambiando de marcha cuando sea necesario, puedes recorrer kilómetros y kilómetros sin apenas darte cuenta.

Bicycle Ride

Lo divertido es que este estar “en la zona” también ocurre en la mente. Por lo menos, cuando llevo un rato manteniendo el mismo ritmo, equilibradas las fuerzas, mi mente se deja hipnotizar por el movimiento rítmico de las piernas, que se traslada a todo el cuerpo, y de ahí a la mente, hasta el punto que dejo de pensar conscientemente en mover las piernas, en llevar la bicicleta, y mi mente hace excursiones inconscientes a otros lugares.

En este estado mental, de forma invariable, la música hace acto de presencia. Supongo que el pedaleo rítmico actúa como un fabuloso metrónomo difícil de ignorar. Y no es que piense de manera consciente: Voy a cantar “La tuna compostelana”. Canciones y melodías aparecen en mi mente sin previo aviso. Vienen y se van, sin avisar, a veces pasando de unas a otras mediante vistosos arreglos que de bien seguro sería incapaz de hacer de forma consciente.

Esta es una selección de la música que me ha venido a la mente durante los trayectos en bicicleta de esta semana. Curiosamente, Johann Sebastian Bach parece estar firmemente anclado en mi cerebro:

  • Preludio de la Suite para violonchelo nº 1, BWV 1007, de J. S. Bach

  • Variación 1, Variaciones Goldberg, BWV 988, de J. S. Bach

  • Sinfonía nº 2, BWV 788, de J. S. Bach (escuchar)

  • Gabriel's Oboe, banda sonora de la película “La Misión”, de E. Morricone

  • Otra obra para dos violines de J. S. Bach (¡creo!) que puedo cantar pero aún no he averiguado cómo se llama Segundo movimiento (Largo) del Concierto para 2 violines, cuerdas y bajo continuo en re menor, BWV 1043, de J. S. Bach (escuchar)



Pero, sin ninguna duda, el ganador de esta semana ha sido el Preludio de la Suite para laúd nº 4, BWV 1006, de J. S. Bach. ¡Disfrutad!

domingo, 19 de septiembre de 2010

BWV 847

domingo, 27 de junio de 2010

Pennsylvania

En noviembre del año pasado íbamos paseando por la calle 34 de Manhattan, poco después de haber realizado nuestra segunda contribución económica a la reconstrucción del Templo de Salomón. Era el día de Acción de Gracias y, con las calles y avenidas aún cortadas al tráfico por el desfile de Macy's, el espectáculo era realmente singular, por unos pocos minutos los peatones recuperando el espacio que durante todo el año pertenece exclusivamente a los conductores.

Reclaim the streets

Al llegar a la Séptima Avenida, miré hacia el sur y vi cuatro banderas al contraluz del sol y, sin pensarlo dos veces, estrené el objetivo de 50mm (por tercera vez, por cierto...). Me gusta la foto porque el fondo relativamente oscuro hace contrastar aún más las banderas iluminadas por el sol desde atrás. El mismo efecto se produce a menudo en el bosque, cuando el sol ilumina las hojas de los árboles de forma que parecen emitir luz propia.

Hotel Pennsylvania

Las cuatro banderas pertenecen, como puede verse, al Hotel Pennsylvania. Mucho más tarde me enteré de que, sin tener ni idea, le había tomando una foto a uno de los muchos monumentos anónimos que pueblan la ciudad de Nueva York.

El Café Rouge del Hotel Pennsylvania acogió numerosas actuaciones en directo de las más famosas Big Band de los años 40 y 50, como los Dorsey Brothers, Count Basie, Duke Ellington y la Glenn Miller Orchestra.

El Hotel Pennsylvania también presume de poseer el número de teléfono más antiguo de la ciudad de Nueva York aún en uso: el +1 (212) 736-5000, que marcado desde la ciudad se limita a 736-5000 o, utilizando el código de letras habitual en los Estados Unidos, 7=P y 3=E, el PE-6-5000, por PEnnsylvania-6-5000. Ahí es justamente donde Finegan, Grey y Sigman se inspiraron para la famosa canción, que popularizaron las Andrews Sisters y el mismo Glenn Miller.



Hace poco he leído que el Hotel Pennsylvania tiene los días contados: parece que sus propietarios, la compañía inmobiliaria Vornado, quieren demoler el edificio, que tiene poco más de 20 plantas, para construir un bloque de oficinas de 67 pisos. Está claro que en el centro de Manhattan ni siquiera los monumentos están a salvo de la voracidad del mercado inmobiliario...

miércoles, 3 de febrero de 2010

The Day the Music Died

El 3 de febrero de 1959, hace 51 años, una avioneta se estrelló cerca de Clear Lake, Iowa. Ese día, un solitario maizal fue el único testigo de la muerte de tres leyendas del rock and roll: Buddy Holly, Ritchie Valens y J. P. "The Big Bopper" Richardson. Más tarde, hubo quien lloró su pérdida llamándolos Father, Son y Holy Ghost.

El momento en que Holly, Valens y The Big Bopper "tomaron el último tren hacia la costa" marca el final de una época en los Estados Unidos, una época de gran esperanza en el futuro, distinguida por un sentimiento de que todo era posible y estaba al alcance de la mano, una época de optimismo ilimitado e inocente (incluso tal vez infantil), una época que comenzó con la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial y que pronto iba a ser barrida del mapa por los primeros latigazos serios de la Guerra Fría.

Cada vez que escucho música de esa época, o que veo American Graffiti, siento algo bastante parecido a la nostalgia por un tiempo que ya pasó.


Buddy Holly - Everyday


Ritchie Valens - Donna


The Big Bopper - Chantilly Lace

¿Es posible echar de menos algo que jamás se ha conocido?

viernes, 22 de enero de 2010

Sobre Goldberg, Tureck y Gould

No suelo escuchar música en la oficina, pero estos primeros días del 2010, al estar escribiendo un artículo, necesitaba aislarme un poco de las conversaciones, en vivo y telefónicas, de mis compañeros. Al principio comencé escuchando jazz pero uno de estos días Mar me dijo que estando en la biblioteca había visto un CD con las Variaciones Goldberg de J. S. Bach y que lo había cogido para escucharlo en casa. Y yo pensé: "Bach, ¡qué gran idea!", puesto que soy de la opinión que pocas músicas hay más indicadas para concentrarse que el contrapunto barroco. Así que, ni corto ni perezoso, busqué algún vídeo en internet con las Variaciones Goldberg, y así fue como me topé por primera vez con Glenn Gould...

Las Variaciones Goldberg (BWV 988)(*) para teclado fueron publicadas en 1741 y toman su nombre del virtuoso clavecinista Johannes Gottlieb Goldberg que fue, seguramente, su primer intérprete. La obra consta de un aria, 30 variaciones y una repetición del aria inicial. A continuación la delicada sutileza del aria y algo más abajo la polifónica brillantez de la primera variación.

Goldberg Variations - Aria


El intérprete de estas dos grabaciones es Glenn Gould, pianista canadiense al que muchos consideran el mejor pianista clásico del siglo XX, y uno de los más grandes intérpretes de la obra de J. S. Bach. Gould fue todo un personaje. Nació, vivió y murió en Toronto entre 1932 y 1982. Tenía una forma peculiarísima de tocar el piano, desde muy abajo, de forma que sus ojos quedaban tan sólo unos pocos centímetros por encima del teclado, para lo cual utilizó durante toda su vida una silla especial, construida por su padre. Gould movía sus brazos y su cuerpo exageradamente al tocar, balanceando su torso casi siempre en el sentido de las agujas del reloj. También tenía la costumbre de canturrear todo lo que estaba tocando, algo que dio más de un quebradero de cabeza a los ingenieros de grabación durante sus numerosas sesiones de estudio. De hecho, se le puede escuchar perfectamente en muchas de sus grabaciones.

Gould rehuía el contacto físico con otras personas, y siempre vestía abrigo, bufanda y guantes, independientemente del tiempo, del lugar y de la estación del año. Antes de comenzar a tocar en el estudio sumergía las manos y los antebrazos durante 20 minutos en agua muy caliente. Apenas si dio conciertos, puesto que los consideraba una especie de pista de deportes, más centrada en la competitividad que en la calidad de la interpretación. Gould siempre prefirió el control y la intimidad del estudio de grabación.

Goldberg Variations - Variatio 1.


Gould poseía una velocidad y una técnica impresionantes, que le permitían prescindir a menudo de técnicas convencionales, como el pedal de sostenido, y articular de forma precisa el complejo entretejido polifónico de las obras de Bach. Gould era capaz de tocar a velocidades de vértigo y, aún así, mantener la claridad y la distinción de cada nota. A pesar que su repertorio cubría a todos los grandes compositores, Gould jamás ocultó su rechazo hacia compositores románticos como Liszt o Chopin, e incluso encontraba una intolerable superficialidad teatral en el Mozart más tardío.

Glenn Gould fue una figura excepcional en el panorama del piano clásico (**). La única influencia que aceptó públicamente haber recibido de otros intérpretes contemporáneos fue la de la pianista americana Rosalyn Tureck, nacida en Chicago en 1914 y fallecida en Nueva York en 2003. Rosalyn Tureck es, en muchos sentidos, la gran dama de la música para teclado de J. S. Bach. De hecho, hay quien considera que Tureck fue injustamente eclipsada por Glenn Gould, en especial en lo que a grabaciones se refiere. Curiosamente, la versión que Mar cogió de la biblioteca de las Variaciones Goldberg fue la séptima y última grabación de esta obra ejecutada por Rosalyn Tureck en el año 1998. Se dice que al final de sus interpretaciones de Bach el público quedaba inmóvil, fascinado, sin siquiera poder aplaudir, porque de algún modo entendían que algo extraordinario acababa de ocurrir sobre el escenario. (En este documental corto sobre la influencia de Tureck en la guitarrista minesota Sharon Isbin puede verse a lo que me refiero, hacia el minuto 7:30, aunque vale la pena verlo entero)

piano

Escuchando las Variaciones Goldberg de Rosalyn Tureck y de Glenn Gould me propuse volver a tocar el piano, o al menos, tocarlo más a menudo, aunque va a ser difícil de cumplir, porque estoy en ese nivel horrible en el que todo lo que puedo tocar es bastante aburrido y lo que me gustaría tocar está aún muy fuera de mi liga. Un autodidacta necesita una gran fuerza de voluntad, y yo ya no tengo la que tenía a los 15 años, cuando de forma similar comencé a tocar la guitarra. Además, mi incapacidad para leer de un pentagrama, en especialmente en clave de fa, no es que ayude precisamente. De todos modos, he aquí mi versión de los propósitos de Año Nuevo.

Me ha gustado conocer a estos dos intérpretes, sobre todo porque ambos sentían predilección por la música barroca, en especial la de J. S. Bach. Hay algo en la textura polifónica usual en aquella época, de la que Bach fue sin duda el más grande de los compositores, con lo que asocio una especie de vuelta a los orígenes, desnuda de las ornamentaciones superficiales y del virtuosismo por el virtuosismo de épocas más recientes. Hay algo en el contrapunto barroco que me atrae fuertemente, pocas músicas me llegan tan adentro como la de Bach. Y creo que, en el fondo, se trata de la simplicidad, como la del mecanismo de una bicicleta o de una lente de focal fija.

Viendo tocar a Glenn Gould siento una gran ternura, en especial en sus últimas grabaciones. Ahí, pequeño, sentado en su silla de toda la vida, ya gastada por los 40 años de uso, casi escondido tras el piano, delicado, vulnerable. Y entonces, luego de dibujar algunos arcos en el aire con la mano, comienza a tocar, y extrae unos sonidos bellísimos del piano. Incluso su canturreo me parece simpático y en modo alguno molesto: a veces parece que la música clásica es algo maravilloso, que está en un pedestal y que hay que tratar con reverencia, y Gould nos demuestra que no es así, y nos acerca a algo que algunos han utilizado para marcar diferencias de forma que todos podemos tomar parte de ello.

Aquí dejo el vídeo de las Variaciones Goldberg en la interpretación de Glenn Gould de 1981, la única pieza de todo su repertorio que grabó dos veces, la primera en 1955.



(*) BWV 988 se refiere al número de catálogo de las obras de J. S. Bach. Ahora que sé alemán por fin puedo recordar que las iniciales BWV significan Bach-Werke-Verzeichnis, es decir, "catálogo de las obras de Bach". Para las obras de Mozart existe algo parecido, el Köchel-Verzeichnis, compilado en 1862 por un tal Ludwig Ritter von Köchel, del cual surgen las denominaciones K.1 hasta K.626.

(**) Una grabación de Glenn Gould del Preludio y Fuga en do mayor número 1, BWV 870, del libro 2 de "El clavecín bien templado", de J. S. Bach, fue incluido en el famoso disco de oro de la sonda Voyager 1, que en la actualidad se está acercando al espacio interestelar y es el objeto creado por la mano del hombre más alejado de nuestro planeta.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Navidad

jueves, 3 de diciembre de 2009

Christmas Tree


Brenda Lee - Rockin' around the christmas tree

jueves, 26 de noviembre de 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

El otoño del ajedrez (*)

En 1959 el saxofonista neoyorquino Sonny Rollins, frustrado por lo que él apreciaba como sus limitaciones musicales, se tomó una pausa para mejorar su técnica, en el que sería el primero y más famoso de sus sabáticos. Dicen que durante este periodo, Rollins se iba a practicar al puente de Williamsburg, para evitar molestar a una vecina de apartamento, en el Lower East Side de Manhattan, que estaba embarazada.

Su álbum de retorno, aparecido al cabo de tres años, se llamó "The Bridge". La mítica estampa del saxofonista sobre un puente, tocando en solitario, su oscura silueta recortada por la Luna, es la de Rollins.


Sonny Rollins - Without a song, del álbum "The Bridge"

Esta noche hemos tenido el privilegio de escuchar a Sonny Rollins en directo. Un auditorio puesto en pie lo ha recibido, antes de decir ni una sola palabra, con un largo y caluroso aplauso. A sus 79 años, el anciano de aspecto frágil, espalda encorvada y dificultoso caminar que ha subido al escenario tan sólo ha necesitado tomar el saxo tenor entre sus gigantescas manos y sacarle un par de notas para dejar claro que nos hallábamos ante una leyenda viva del jazz. Una experiencia difícil de olvidar.

(*) Al menos eso es lo que entendí durante mi primer otoño en Salzburgo. Alguien me habló sobre un interesante festival llamado "Chess Herbst" que tenía lugar en la ciudad. Al principio me imaginé gente jugando partidas de ajedrez por toda la ciudad. Tardé unos minutos en comprender que estaba frente a la pronunciación autóctona de la palabra jazz. Los germanoparlantes tienden a cerrar demasiado las a hasta que suenan como una e (no conocen la schwa y las sutilezas de las distintas vocales neutras) y no son capaces de distinguir el sonido sonoro /dʒ/ (como en job o jazz) del sordo /tʃ/ (como en chop o chess).

sábado, 4 de abril de 2009

Conciencia ecológica

Últimamente me he descubierto a menudo pensando y leyendo sobre la vida en nuestro planeta, sobre sus primeros balbuceos, su estado actual y su futuro.

Mi conciencia ecológica se ha ido forjando con el tiempo, a partir de mi adolescencia, a través de la lectura y la curiosidad por mi entorno. Pero creo que la auténtica raíz de este sentimiento, mi despertar al papel que la humanidad juega con respecto al medio ambiente, está más atrás, en mi infancia, en dos canciones de Joan Manuel Serrat que forman parte del subconsciente colectivo de gran parte de mi generación, gracias a nuestros padres y al milagro del tocadiscos y el radiocassette.



Pare
digueu-me què
li han fet al riu
que ja no canta.
Rellisca com un barb
mort sota un pam
d'escuma blanca.

Pare
que el riu ja no és el riu.
Pare
abans que torni l'estiu
amagui tot el què és viu.

Pare
digueu-me què
li han fet al bosc
que no hi ha arbres.
A l'hivern
no tindrem foc,
ni a l'estiu lloc
on aturar-nos.

Pare
que el bosc ja no és el bosc.
Pare
abans de que es faci fosc
tanquem la vida al rebost.

Sense llenya i sense peixos,
pare,
ens caldrà cremar la barca,
llaurar el blat entre les runes,
pare,
i tancar amb tres panys la casa,
Ai, dèieu vostè...

Pare
si no hi ha pins
no es fan pinyons
ni cucs ni ocells.
Pare
si no hi ha flors
no es fan abelles,
cera ni mel.

Pare
que el camp ja no és el camp.
Pare
del cel avui ens plou sang.
El vent ho canta plorant.

Pare
ja són aquí!
Monstres de carn
amb cucs de ferro.
Pare
no, no tingueu por,
digueu que no,
que jo us espero.

Pare
que estan matant la terra.
Pare
deixeu de plorar
que ens han declarat la guerra.

Padre
decidme qué
le han hecho al río
que ya no canta.
Resbala como un barbo
muerto bajo un palmo
de espuma blanca.

Padre
el río ya no es el río.
Padre
antes de que vuelva el verano
esconded todo lo que está vivo.

Padre
decidme qué
le han hecho al bosque
que no tiene árboles.
En invierno
no tendremos fuego,
ni en verano lugar
donde reposar.

Padre
el bosque ya no es el bosque.
Padre
antes de que oscurezca
guardemos la vida en la despensa.

Sin leña y sin peces,
padre,
tendremos que quemar la barca,
labrar el trigo entre las ruinas,
padre,
y cerrar con tres cerrojos la casa,
Ay, decíais vós...

Padre
si no hay pinos
no se hacen piñones
ni gusanos ni pájaros.
Padre
si no hay flores
no se hacen abejas,
cera ni miel.

Padre
el campo ya no es el campo.
Padre
del cielo hoy nos llueve sangre.
El viento lo canta llorando.

Padre
¡ya están aquí!
Monstruos de carne
con gusanos de hierro.
Padre
no, no tengáis miedo,
decid que no,
que yo os espero.

Padre
están matando la tierra.
Padre
dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.



Esta canción se encuentra, como decía, en un rincón tan profundo de mi inconsciente, tan clavada en mi alma, que grandes lagrimones corren por mis mejillas cada vez que la escucho. Lo mismo ocurre con la segunda, Plany al mar (Elegía al mar), para la que prefiero que sea el mismo Serrat el que traduzca sus bellísimas estrofas.




Bressol de vida, camins de somnis, pont de cultures,
ai!, qui ho diria,
que ha estat el mar?

Mireu-lo fet una claveguera,
mireu-lo anar i venir sense parar.

Sembla mentida que en el seu ventre es fés la vida.
Ai!, qui ho diria
sense rubor?

Mireu-lo fet una claveguera
ferit de mort.

De la manera que el desvalissen i l'enverinen,
ai!, qui ho diria
que ens dóna el pa?

Mireu-lo fet una claveguera,
mireu-lo anar i venir sense parar.

On són els savis i els poderosos que s'anomenen
ai!, qui ho diria,
conservadors?

Mireu-lo fet una claveguera
ferit de mort.

Quanta abundància, quanta bellesa, quanta energia,
ai!, qui ho diria?,
feta malbé.
Per ignorància, per imprudència, per incosciència
i per mala llet.

Jo que volia que m'enterressin entre la platja,
ai!, qui ho diria?,
i el firmament.

I serem nosaltres,
ai!, qui ho diria?
els qui t'enterrem.

martes, 25 de noviembre de 2008

Swing up!

lunes, 21 de julio de 2008

City of Blinding Lights




The more you see the less you know
The less you find out as you go
I knew much more then than I do now

Neon heart dayglo eyes
A city lit by fireflies
They’re advertising in the skies
For people like us

And I miss you when you’re not around
I’m getting ready to leave the ground….

Ooh ooh ooh
Ooh ooh ooh

Oh you look so beautiful tonight
In the city of blinding lights

Don’t look before you laugh
Look ugly in a photograph
Flash bulbs purple irises
The camera can’t see

I’ve seen you walk unafraid
I’ve seen you in the clothes you made
Can you see the beauty inside of me?
What happened to the beauty I had inside of me?

And I miss you when you’re not around
I’m getting ready to leave the ground

Ooh ooh ooh
Ooh ooh ooh

Oh you look so beautiful tonight
In the city of blinding lights

Time… time
Won’t leave me as I am
But time won’t take the boy out of this man

Oh you look so beautiful tonight
Oh you look so beautiful tonight
Oh you look so beautiful tonight
In the city of blinding lights

The more you know the less you feel
Some pray for others steal
Blessings are not just for the ones who kneel… luckily

jueves, 1 de mayo de 2008

El erudito callejero

Hace muchos muuchos años, cuando la Humanidad aún tenía acné y la ciencia apenas había empezado a balbucear las teorías e ideas que torturarían a generaciones y generaciones de estudiantes en el futuro, una sola persona podía ser un experto en toda (y me refiero a absolutamente TODA) la ciencia conocida. Pitágoras, Muhammad ibn Mūsā al-Khwārizmī o Leonardo da Vinci llevan el calificativo de "erudito" (del cual también me gusta la versión en inglés, polymath)

Se dice que el último de esta raza fue René Descartes, que recibió una educación integral en el colegio de La Flèche. A partir de entonces, la ciencia pasó a ser demasiado complicada y demasiado extensa para una sola persona, y de ahí nacieron las diferentes disciplinas, y las especializaciones. Ya no quedan eruditos universales...

Jacobi(*)

Pero hace poco descubrí que no es cierto. Un tipo distinto de erudito sigue entre nosotros. Un erudito que jamás ha pisado una Universidad, pero puede avergonzar a cualquier ingeniero cuando se trata de diseñar y fabricar un soporte colgante para un proyector. El tipo de erudito que tiene una opinión razonada y profunda sobre cualquier tema imaginable. El tipo de erudito cuyo tesoro más bien guardado es una vasta colección de trucos y pequeñeces, aprendidos a través de una larga experiencia, que pueden suponer la diferencia entre el fracaso y el éxito...

Su verdadero nombre es Hannes, pero todo el mundo le llama por su apellido, K. Para él va mi más profunda admiración y este vídeo.



(*) Por si alguien se preguntaba el porqué de la foto: Carl Jacobi fue un importante matemático prusiano que, entre otras muchas contribuciones, dio nombre al jacobiano, que avivará tiernos recuerdos a todos los que hayan estudiado ecuaciones diferenciales en algún momento de sus vidas... Me hizo mucha gracia descubrir en este cartel antiguo que un tocayo suyo se dedicó a fabricar jabón de baño :)

domingo, 30 de marzo de 2008

Marcos

En una de mis escenas favoritas de "El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey" los cuatro hobbits están tomando una pinta en la Posada del Dragón Verde. Mientras escuchan las fanfarronadas de Ted Arenas comparten una mirada de comprensión y una sonrisa triste. Ellos, que han liberado la Tierra Media del Caos y la Oscuridad de Sauron, no sólo tienen que aguantar al fulano, sino que no pueden hablar con nadie sobre lo ocurrido, puesto que nadie iba a entenderlo. Se sienten, al igual que los veteranos o los supervivientes de una guerra, distintos, extraños y terriblemente solos. La vida y las gentes de la Comarca no habían cambiado en lo más mínimo, pero ellos sí habían cambiado. Lo que siempre habían tenido por "normal" había dejado de serlo.

La penúltima vez que estuvimos en España sentimos, por primera vez, algo que creo que debe ser bastante común entre la comunidad de expatriados. Todo nos parecía extraño, poco familiar, desconocido. Nos costaba entender lo que hacía la gente. No sentíamos, en suma, un poco "extranjeros". ¿Por qué hablan todos tan alto? ¿Qué hacen? ¿Cómo aguantan esta música tan estridente en todas partes? Todo ello hechos en las que jamás reparamos cuando vivíamos ahí. Porque eran "normales". Pero ya no lo son.

4

Después de dos o tres días dejamos de sentirnos así, tan solo necesitamos un pequeño "reajuste". Pero la experiencia me hizo darme cuenta de lo mucho que dependemos de nuestras referencias, de nuestros marcos, y de lo poco conscientes que somos de ello.

Lo que consideramos "normal" es algo tan increíblemente frágil, tan dependiente de nuestras experiencias más recientes, que cambia constantemente y apenas si nos damos cuenta. Nuestros marcos están continuamente evolucionando y no nos enteramos. Es por eso que palabras como "normal", "sentido común", "lógico" o "por supuesto", o argumentaciones que se basan en ellas, pueden ser peligrosas. Porque mis marcos no son necesariamente los mismos que los tuyos, tal vez ni siquiera se parecen. Y es mejor que no nos refiramos a un supuesto marco común que, en la práctica, no tiene por qué existir.

Warte

Para terminar, un poco de música. La suite "Estaciones Porteñas", del compositor argentino Ástor Piazzolla, está formada por cuatro movimientos, uno para cada una de las estaciones, como una especie de contrapunto a "Las Cuatro Estaciones" de Vivaldi en clave de tango. Como éstas, cada uno de los tangos evoca a su correspondiente estación. Para mí, "Verano Porteño" es un tango vital y vibrante como una tormenta de nieve, mientras que "Invierno Porteño" está dominado por una melodía lánguida que me recuerda a las horas interminables de una tarde calurosa. ¿Sólo es por culpa de mis marcos de referencia que me parece que los títulos no cuadran con la música? ¿O será tal vez un guiño de Piazzolla desde el Sur a las estaciones en el hemisferio norte?

Pero voy a callarme ahora para dejar hablar al bandoneón del Gran Ástor.