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domingo, 8 de noviembre de 2009

Las bicicletas (¡no sólo!) son para el verano

Una de las (muchísimas) diferencias entre España y Austria es el uso que aquí y allí se hace de las bicicletas. En España una bicicleta es, salvando honrosas excepciones que espero que pronto se conviertan en regla, considerada y entendida como un juguete. En Austria (como en la mayor parte de Europa) una bicicleta es un vehículo que toma parte del tráfico rodado.

Es una diferencia importante, puesto que como vehículo, la bicicleta debe atenerse a las normas generales de circulación y es en general respetada como tal por el resto de vehículos.

Unterwegs im Herbst

Ayer sábado, 7 de noviembre, 6 grados, soleado, fuimos a hacer una excursión en bici. Se trata simplemente de llevar, como en la mayoría de ocasiones, la ropa adecuada. Mientras remontábamos el Saalach por el camino de sirga del lado austríaco pensaba yo en lo de "Las bicicletas son para el verano". Creo que si nos quedamos con el sentido más superficial, si nos olvidamos de la película, resume muy bien esta identificación bicicleta == juguete tan hispánica.

Y es que, en mi opinión, no, las bicicletas no sólo son para el verano.

lunes, 31 de agosto de 2009

Dejando pasar las horas...

El final del verano se acerca.

El sol que cada tarde ha estado entrando, implacable, por mi ventana de la oficina, cada vez se esconde antes tras las copas de los abetos que coronan la montaña a cuyos pies nos encontramos. Un sol que, por cierto, prefiero capear con la ventana abierta y que, por lo menos, corra algo de aire, antes que seguir las abstrusas teorías austríacas sobre cerrar las ventanas para que el aire de dentro se mantenga fresco. Teoría ésta más que discutible y que tendría algo de validez, en todo caso, en combinación con una persiana u objeto opaco a la sazón. Invento que, por lo menos a mi oficina, no ha llegado todavía.

Se acerca, como decía, el final del verano. Es ésta la estación del año cuyo final espero con más ansia, por varias razones. En primer lugar, porque el final del estío marca el comienzo del otoño, y ésta sí es, con ventaja, mi estación favorita. En segundo lugar, porque con él se marchan también varios puntos negativos: deja de hacer calor, la basura deja de apestar, se puede dormir por la noche y la gente, en fin, deja de oler (tan) mal... En tercer lugar, el sol de verano es demasiado intenso y cae demasiado en vertical, y además ilumina un uniformemente aburrido tono verde que no da ningún juego a la fotografía.

Castanyers

Y es que, debo admitirlo, bajo peligro de ser relegado a la condición de paria social por mis convecinos aborígenes, no me gusta el verano. De hecho, es el último en mi lista de estaciones favoritas, a saber, otoño, en un disputado segundo y tercer puesto invierno y primavera y, finalmente, muy atrás, verano.

De todos modos, lo que sí tiene de bueno el verano son las tardes ociosas de domingo, sin nada mejor que hacer que pillar el bocadillo y la bicicleta, pedalear media horita hasta Hellbrunn, tumbarse a la bartola y dejar pasar la tarde, leyendo, dormitando, comiéndose el bocata, haciendo fiestas a perretes simpáticos que vienen a visitarnos y, en fin, disfrutando de lo lindo de mi palabra favorita de hoy: Müßiggang, que significa nada menos que ociosidad.

Muessiggang

En fin, dejémonos llevar por la Müßiggang en el camino de vuelta a casa...

domingo, 29 de junio de 2008

El gorrón de Hellbrunn

A veces este país es tan bucólico que parece hasta mentira. Aunque, si te fijas bien, también hay gorrones. Hélos:



Vamos a ver qué hace la selección. A la otra orilla, al país vecino. ¿Quién dijo miedo? ;)

domingo, 8 de julio de 2007

¿Adónde vas, rapaz?

Hoy hemos ido de excursión al Burg Hohenwerfen. Es un castillo hacia el sur de Salzburgo, colgado de un risco que domina una de las muchas gargantas que forma el río Salzach a lo largo de su curso. Siempre que veo un castillo así (la fortaleza Hohensalzburg de Salzburgo también es un buen ejemplo) me imagino cómo sería tener que atacarlo o tener que defenderlo.

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En Hohenwerfen hay un centro de investigación sobre aves rapaces, y también aprovechan el aire medieval de todo el entorno para vestirse con trajes de época y realizar un estupendo espectáculo con algunas de ellas. Un par de halcones, tres águilas, un buitre y dos milanos han volado sobre (y a veces entre!) nuestras cabezas. Armados con EduDigis y su objetivo largo, hoy hemos satisfecho al fotógrafo de National Geographic que todos llevamos dentro.

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Aquí dejo unas cuantas fotos de estas majestuosas aves. Observando la perfección de su vuelo y su elegancia suprema me quedo sin palabras. Voy a dejar que las imágenes hablen por sí solas. Son unas cuantas, pero creo que merece la pena.

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El halcón se lanza en picado y pasa como una centella entre las cabezas del público.

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El águila. ¿Qué más puedo decir?

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El vuelo del buitre es lento, rotundo, parece que pese una tonelada.

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¿Por qué será que cada vez que miro estas fotos oigo la música del programa de Félix Rodríguez de la Fuente? :)

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El águila de cabeza blanca es, sin duda, la más fotogénica de las aves del espectáculo.

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El buitre tenía curiosidad por vernos de cerca.

falkner

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Quién tuviera alas para poder acompañarlas...

martes, 3 de julio de 2007

The hills are alive

El domingo pasado fuimos de excursión. La semana pasada nos enteramos que en Filzmoos hacían un evento divertido, el kumm auffi ("sube p'arriba"), y allá que nos fuimos. Resulta que ponen durante toda la semana sofás y sillones en lo alto de la montaña, en los prados, para crear una especie de sala de estar al aire libre al lado del lago ("das Wohnzimmer am Almsee"). Al llegar y ver el cartelito que decía que en dar la vuelta al lago se tardaba unos 15 minutos a pie pensé que era la mejor actividad para mi estado algo resacoso después de haber ido a tomar algo con unos amigos la noche anterior.



Estábamos tan ricamente sentados en este incomparable salón comiendo nuestros bocadillos y tomando nuestros Almdudler, cuando unos cuantos locales empezaron a cantar canciones populares austríacas. O al menos imagino que eran canciones populares, porque otra gente también se les unía, lo cual era alegremente celebrado por los cantores ("nicht nur zuhören, mitsingen" - "¡no os quedéis callados! ¡cantad con nosotros!"). Probablemente se tratara de un coro, porque cantaban en varias voces y lo hacían muy bien. El paisaje, las montañas, los trajes tradicionales, ... parecía que la familia von Trapp iba a hacer acto de presencia en cualquier momento!



Las tradiciones son muy importantes para los austríacos. Uno de los ejemplos más aparentes son los trajes. Tan sólo hace falta pasearse en domingo y es seguro que uno se topa con locales vestidos con lo que nosotros identificamos como el típico traje de tirolés (aunque es común en toda la región alpina): los hombres en Lederhose (pantalón corto de cuero con tirantes) y las mujeres en Dirndl (el equivalente femenino, compuesto de blusa escotada, corpiño y delantal). En realidad no es necesario que sea domingo: pueden encontrarse trajes típicos en todas partes y a todas horas, sin esforzarse demasiado, especialmente fuera de las ciudades. Una vez andábamos un poco perdidos por una carretera estrecha con el coche cuando de pronto nos encontramos rodeados por una boda austríaca: unas 50 personas vestidas con lederhosen y dirndl nos rodearon, señalándonos y diciendo con gran alegría: "Oh! Espania! Espania!" (Sí, todavía teníamos la matrícula española por aquel entonces).




Debo confesar que a veces les tengo un poco de envidia. Porque han sabido conservar sus tradiciones de una forma que se me antoja impensable en España. Donde la mayoría de las tradiciones han sido monopolizadas por los unos o por los otros a lo largo de la Historia. Donde algo tan simple como decir que España es tu país constituye una opción política.

Hay algo que me resulta fascinante en el contraste entre una pareja de ancianos vestidos con sus trajes tradicionales, un adolescente con rastas, un turista indonesio haciendo fotos y una mujer musulmana apresurándose para hacer la comida para su familia. Es cuando veo algo así que no puedo evitar idealismos sobre la tolerancia universal, sobre la hermandad entre todas las gentes de la Tierra. Desgraciadamente no todo el mundo comparte conmigo esta visión. Hay gente (aquí, allá, en todas partes) que no ve con buenos ojos las tradiciones de los otros, y que se aferran a las propias aún más fuerte para defenderse. ¿Un minarete en un valle de los Alpes? ¡De ningún modo! ¿Qué pinta ahí? ¿Qué se les ha perdido aquí? No quieren integrarse. Debemos defender lo nuestro. Se cierran en guetos. No los queremos aquí. Ellos. Nosotros.



Una vez volvía del trabajo en el bus. Un anciano estaba sentado cerca de mí. Un inmigrante, sin duda, seguramente de alguna parte del Próximo Oriente, cansado, una sutil pero innegable tristeza en sus profundos ojos negros. Una chica musulmana subió al autobús. Era muy guapa y llevaba la cabeza cubierta por un velo. Saludó al anciano, se sentó a su lado y empezó a charlar alegremente. Él pronunciaba con cierta dificultad. Ella hablaba animadamente en un fabuloso dialecto austríaco. Ambos estaban hablando alemán entre sí. Después de cinco minutos escuchándolos fascinado, llegamos a la parada de la chica y se bajó del autobús, despidiéndose del anciano con un "Servus! Salaam aleikum!" que a punto estuvo de hacerme saltar las lágrimas.