Debo hacer una confesión: estoy enfermo.
Todo comenzó hace unos tres años, cuando adoptamos nuestra primera cámara réflex digital. La característica más interesante de este tipo de cámara es que los objetivos son intercambiables. Al principio estaba muy contento con el objetivo del kit, pero al cabo de un año le siguió un teleobjetivo de rango medio, para ver las cosas más de cerca.
Durante nuestras vacaciones neoyorquinas no pude resistir la tentación de hacer una visita a B&H, una especie de nave nodriza para todos los fotógrafos, aficionados o profesionales. Además de algunos accesorios fotográficos, básicamente parasoles (¡porque el tamaño sí importa! :D), filtros y tarjetas de memoria, adopté un objetivo de focal fija de 50mm, que terminó por confirmar mi enfermedad: estoy obsesionado con las lentes y los accesorios fotográficos.

Hay unas cuantas características interesantes de los objetivos de distancia focal fija. En primer lugar, suelen tener mucho mejores cualidades ópticas que los objetivos zoom (esto es, de distancia focal variable). La razón es muy sencilla: el diseñador de un objetivo zoom debe encontrar un difícil compromiso para proporcionar unas cualidades ópticas aceptables en todo el rango focal. Por el contrario, un objetivo de foco fijo puede ser optimizado para su distancia focal de forma que la calidad de la imagen obtenida sea excelente.
Además, el sistema de lentes que conforman un objetivo de focal fija es increíblemente simple y elegante, y funciona a la perfección. Siempre me he sentido fascinado por sistemas que, como la transmisión de una bicicleta, son tan sencillos que basta una mirada para comprender su funcionamiento y aun así son insuperables en eficiencia energética. Gracias a este sistema de lentes tan sencillo, los objetivos fijos suelen ser muy rápidos, es decir, dejan pasar mucha luz en un corto espacio de tiempo, lo cual los hace especialmente interesantes para fotografía nocturna, y también permiten alcanzar milimétricas profundidades de campo.

Pero en mi opinión, lo mejor de un objetivo de focal fija es que no tiene zoom. Que no se me malinterprete, los zooms son algo grande y para ciertos propósitos absolutamente indispensables, pero en mi opinión también nos vuelven algo vagos. ¿Para qué voy a acercarme al sujeto si con un simple giro del anillo puedo conseguir un efecto parecido (que no igual)? Por el contrario, estar atado a una distancia focal fija significa tener que forzar nuestra creatividad fotográfica, porque debemos caminar hacia adelante o hacia atrás para conseguir ese encuadre perfecto o para aplicar la regla de los tercios.
Al principio me sentía raro y mis dedos intentaron a menudo girar el inexistente anillo del zoom al utilizar el objetivo de 50mm. Pero me acostumbré bastante rápido a él, y he aprendido a usarlo y a quererlo. Y me siento a gusto con él, porque tengo la impresión de estar haciendo fotografía de verdad, en serio, es un volver a los orígenes, a antaño, cuando no había digital, ni espejo réflex, ni tarjetas de memoria, ni conexiones USB, y había que esperar como mínimo una hora para ver los resultados de tus experimentos, no había histogramas, ni modos automáticos, ni autofocus, ni GIMP.

Un objetivo de focal fija es la herramienta adecuada para esta época del año, cuando la clorofila se retira para dejar paso a maravillosos pigmentos ocres, amarillos, naranjas y rojos, que han estado esperando pacientemente durante todo el verano para hacer ahora su triunfal entrada.
¡Hasta pronto Sra Clorofila! ¡Bienvenidos Sr Caroteno y Sra Xantófila!