miércoles, 22 de agosto de 2007

Vacaciones en Austria (ii)

La segunda etapa de nuestro viaje nos llevó al lago Neusiedl, situado hacia el este, en la frontera de Austria con Hungría. Se le llama Neusiedler See en alemán y Fertő tó en húngaro. Me gustan las palabras magiares, tienen pinta de ser sonoras, potentes, como algunas palabras españolas que le llenan a uno la boca instantes antes de lanzarlas como dardos.

El Fertő tó es lo que se llama una cuenca endorreica (¡qué fea esta palabra!), es decir, un lago en el que el agua tan solo sale por infiltración o evaporación, pero no tiene salida al mar a través de ningún río. Los nombres en inglés (steppe lake) o alemán (Steppensee) son más bonitos: el lago de la estepa. Su profundidad no supera jamás los 2 metros (!!) y es conocido por el casi constante viento, que hace las delicias de los amantes de la vela y el windsurf, y por contar con una extensa zona de juncos, que hace las delicias de muchas aves migratorias, que encuentran aquí reposo en sus viajes de Norte a Sur y viceversa.



El paisaje que rodea al lago es bastante llano y su vegetación tiene un toque agreste que me hizo añorar la costa del Mediterráneo. Los viñedos se extienden hasta donde alcanza la vista y cualquier pequeña colina constituye una inmejorable atalaya para dominar el paisaje, con el lago siempre de fondo. Ya sé que no suena muy espectacular, pero después de vivir casi tres años entre verdes paisajes alpinos descubrir el otro extremo del país fue una agradable sorpresa.

El pueblo donde acampamos se llama Rust y está en la orilla occidental del lago, y creo que se va a convertir a partir de ahora en mi pueblo favorito en Austria, con permiso de Hallstatt, del cual hablaré próximamente. Rust compró su calidad de municipio libre a la corona húngara en el siglo XVII a base de doblones de oro y barricas de vino del tipo Ruster Ausbruch. El pueblo posee unas cuantas casas medievales y en él no tuve la sensación de estar en un decorado que me acecha en otros pueblos austríacos más hacia el Oeste. De todos modos, las indiscutibles protagonistas de Rust viven sobre sus tejados: Se dice que hasta 50 parejas de cigüeñas visitaban el pueblo cada verano. En la actualidad no son tantas, pero nosotros contamos sin esfuerzo más de 20 sin movernos de sitio. Cada vez que las oía saludarse repicando con sus picos me inundaba una sensación de paz que invitaba a disfrutar del anochecer con un buen vino y todo tipo de Schmankerl (embutidos, quesos, aperitivos fríos que se sirven como excusa para acompañar al vino).



El Neusiedler See y sus alrededores resultan perfectos para una excursión en bicicleta. Y eso es justamente lo que hicimos, alquilar bicis y lanzarnos a pedalear, subirlas al ferry cuando había que atravesar el lago e intentar avistar alguna de las aves migratorias en el Parque Natural (sin suerte). A pesar de no haber visto ninguna, los paisajes y los detalles fueron más que suficientes para hacer que me enamorara perdidamente de esta apartada región de Austria.




En invierno, cuando el lago se congela, cortan los juncos y los dejan secar, para ser utilizados, entre otras cosas, como aislante del frío en las casas.

Nuestro viaje nos llevó luego a Graz, capital de Estiria, y a la iglesia de Santa Bárbara en Bärnbach, para luego dirigirnos a Salzburgo...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

:-o :-O :-o X-o zzzz.....

Tonicito dijo...

Gracias por esta opinión tan interesante! :)