domingo, 15 de junio de 2008

El EM (*) llegó

Suecas La Roja
Suecas y españoles, como en tiempos del maestro Landa... ;)

Seguridad
Cachete con cachete

Suecia
Suecia...

Rusia Grecia
...y Rusia y Grecia!

El holandés errante
¿En serio? ¿A tu edad?

Sombreros
Manolo Cabezabolo

Atalaya
Estamos tan a gustito

Vigilando a Oma
Jolines, otra vez me toca cuidar de la abuela en horas de servicio...

El tamaño sí importa
¡El tamaño sí importa!

(*): Aquí la Eurocopa se llama EM, por Europameisterschaft, o sea, Campeonato de Europa

De la gravedad y la percepción del tiempo

Gracias a internet tenemos hoy en día la posibilidad de conocer a muchas más personas de lo que sin ella ni siquiera podríamos soñar. Conocerlas, asomarnos brevemente a sus vidas o seguir sus pensamientos con interés. En cualquier caso, para todos aquellos que siempre nos hemos sentido más bien raritos, de los que en el recreo no jugabamos al fútbol, de los que a menudo guardábamos un silencio prudente cuando el profesor preguntaba algo en clase, para todos nosotros, internet nos ha hecho conscientes de nuestra reconfortante normalidad, visto lo que corre por ahí...

Desde siempre me ha gustado montarme teorías sobre el porqué de las cosas. Muchas de ellas no pasan de meras patilladas, pero algunas, las más antiguas, las más meditadas, han llegado a alcanzar a mis ojos el estatus sino de verdades irrebatibles, por lo menos de tesis para las que no se conoce contraejemplo alguno que las refute.

Una de mis favoritas es la percepción subjetiva del tiempo, y cómo la mecánica newtoniana nos echa una mano para explicarla. Hace unos días se aludía a lo deprisa que, comparativamente, transcurren la primavera y el verano. Si imaginamos el año como una circunferencia dividida de forma más o menos uniforme en 12 ángulos representando a los 12 meses, suponemos diciembre y enero en la parte superior, la colocamos en posición vertical y finalmente imaginamos el devenir del tiempo como una bolita que recorre dicha circunferencia bajo la acción de la gravedad, resulta fácil comprender por qué la primavera pasa tan rápido (la bolita cae a partir de abril casi en caída libre), por qué el verano también (con toda la inercia de la caída primaveral, se nos acaba el mes de septiembre sin apenas darnos cuenta), por qué el trecho de octubre a enero se hace tan largo (vamos cuesta arriba), y por qué a partir de la mitad del invierno comenzamos a sentirnos otra vez vigorosos (la gravedad que tira de nuevo de nosotros).

RoundYear

Lo curioso del caso es que la percepción de otros períodos de tiempo como la jornada laboral (de las 8 a las 12 vamos cuesta arriba, de las 13 a las 17 vamos cuesta abajo, aunque a veces se da media vuelta, sigo sin tener muy claro el porqué...) o la semana (sábado y domingo están abajo del todo y miércoles arriba) también pueden explicarse perfectamente bajo el punto de vista de la circunferencia vertical y la bolita.

Y yo me pregunto, si estuviéramos en la Luna, donde la gravedad es más débil, ¿dejaríamos de sentir tanta diferencia entre primavera y otoño? O también, quedándonos en la Tierra, ¿se verá afectado el movimiento de la bolita por las mareas?

viernes, 6 de junio de 2008

Entreculturas

diàleg

domingo, 1 de junio de 2008

¡Que llueva!, ¡que llueva!

Las riberas del Mediterráneo son una tierra dura.

Una de las primeras cosas que llaman la atención del expatriado mediterráneo al llegar a Austria es el verdor, ese verde saturadísimo, casi sobrenatural, que de puro brillante provoca dolor a unos ojos acostumbrados a los ocres rojizos de la tierra, al amarillo de la genista y la aliaga, al azul infinito del mar y al verde polvoriento de los olivos.

Al poco tiempo de vivir aquí, uno pronto descubre el porqué de ese verdor: la flora tiene una vida muy fácil en esta tierra, porque la lluvia es frecuente y abundante. Por eso los árboles crecen y crecen hasta convertirse en titanes de 30 y 40 metros de altura. Por eso adentrarse en el bosque fuera de senderos es casi misión imposible en primavera y verano si no se lleva un machete.

Las riberas del Mediterráneo, decía, son una tierra dura. Porque la lluvia es un bien cada día más escaso, además de caer, cuando lo hace, de forma violenta en un margen muy pequeño de tiempo, sobre un suelo seco que, incapaz de absorberla, acaba sufriendo inundaciones en vez de producir cosechas.

flors figuera de moro

Pero la vegetación mediterránea es, como sus gentes, vieja y sabia, y sabe esperar con paciencia, reservando sus energías para esas cuatro gotas de lluvia que caerán, sino hoy, tal vez mañana, o la semana que viene, o el mes que viene. Y cuando esas cuatro gotas caen al fin, saca fuerzas de la nada, lanza raíces para bebérselas ansiosa, echa diminutos brotes que le permitan seguir almacenando esa luz, ese sol, acumulando de nuevo fuerzas para la siguiente sequía.

brotes xiprers

Me fascina la vegetación mediterránea porque se aferra a la vida con ansia desgarradora y sale adelante a pesar de un entorno bien hostil. Me gusta porque me recuerda a sus gentes, a mis gentes, que convirtieron un erial en terreno cultivable a base de sudor, lágrimas, esfuerzo y tesón, bajo un sol implacable que todo lo quema.

pins

La semana pasada estuvimos en Cataluña. Al volver, mis compañeros de oficina me preguntaron, como de costumbre, si habíamos tenido buen tiempo. Y yo les respondí que sí, que nos llovió todos los días y que nos había hecho el mejor tiempo que podía imaginarse. No estoy seguro que comprendieran mi sonrisa ni la alegría que llenó mi corazón al ver mi tierra verde y viva.

rambla