viernes, 13 de julio de 2007

Eidechse! Eidechse! (*)

Hoy he aprendido una nueva palabra: paraskavedekatriafobia. Está compuesta por las palabras griegas Παρασκευή, δεκατρείς, y φοβία, que significan viernes, trece, y fobia, respectivamente. En realidad se trata de una forma bastante pedante de referirse al miedo al viernes 13. Ahí queda eso.

En países de habla inglesa, alemana, polaca y portuguesa, el viernes 13 cumple la función de nuestro martes y trece. Se considera un día de mala suerte, en que pueden ocurrir desgracias con facilidad. En Austria la mala suerte la trae el viernes trece, no el martes trece. Siempre me pregunto cuál de las supersticiones se aplica en mi caso. ¿Es la mala suerte una propiedad intrínseca del país o de la nacionalidad? Preguntas sin respuesta...

Hoy he leído que en realidad la creencia que el viernes trece trae mala suerte es un invento relativamente moderno. De hecho, las primeras referencias escritas datan del año 1950. O al menos eso es lo que defiende la GWUP, Gesellschaft zur wissenschaftlichen Untersuchung von Parawissenschaften e.V. (Sociedad para el Estudio Científico de las Paraciencias), que publican una revista que se llama Skeptiker (Escépticos).

Y pensándolo bien, si tienen razón y la cosa se originó en los años 50, pues ya puede ser que en España no nos enteráramos (o nos enteráramos mal, por lo de la pérfida Albión), porque al principio de la dictadura del Tito Paco el tema relaciones internacionales e intercambios culturales pues no estaba muy bien visto.

¿Y vosotros? ¿Cómo habéis pasado el viernes 13?

(*) Lagarto! Lagarto!

domingo, 8 de julio de 2007

¿Adónde vas, rapaz?

Hoy hemos ido de excursión al Burg Hohenwerfen. Es un castillo hacia el sur de Salzburgo, colgado de un risco que domina una de las muchas gargantas que forma el río Salzach a lo largo de su curso. Siempre que veo un castillo así (la fortaleza Hohensalzburg de Salzburgo también es un buen ejemplo) me imagino cómo sería tener que atacarlo o tener que defenderlo.

IMG_9103 IMG_9331

En Hohenwerfen hay un centro de investigación sobre aves rapaces, y también aprovechan el aire medieval de todo el entorno para vestirse con trajes de época y realizar un estupendo espectáculo con algunas de ellas. Un par de halcones, tres águilas, un buitre y dos milanos han volado sobre (y a veces entre!) nuestras cabezas. Armados con EduDigis y su objetivo largo, hoy hemos satisfecho al fotógrafo de National Geographic que todos llevamos dentro.

IMG_9110

Aquí dejo unas cuantas fotos de estas majestuosas aves. Observando la perfección de su vuelo y su elegancia suprema me quedo sin palabras. Voy a dejar que las imágenes hablen por sí solas. Son unas cuantas, pero creo que merece la pena.

IMG_9125 IMG_9191

falco_seq1
El halcón se lanza en picado y pasa como una centella entre las cabezas del público.

aguila01

IMG_9165

aguila04
El águila. ¿Qué más puedo decir?

IMG_9237 IMG_9236
El vuelo del buitre es lento, rotundo, parece que pese una tonelada.

IMG_9316 IMG_9373
¿Por qué será que cada vez que miro estas fotos oigo la música del programa de Félix Rodríguez de la Fuente? :)

IMG_9353

aguila02

aguila03
El águila de cabeza blanca es, sin duda, la más fotogénica de las aves del espectáculo.

IMG_9406
El buitre tenía curiosidad por vernos de cerca.

falkner

DSCN0795

Quién tuviera alas para poder acompañarlas...

jueves, 5 de julio de 2007

Fotografiando el aire

Esta madrugada se ha sabido que Salzburgo no va a organizar los Juegos Olímpicos de Invierno en el año 2014. Ya se había presentado para los del año 2006, 2010 y ahora 2014, y no ha sido escogida en ninguna de las ocasiones.

Cada mañana leo el periódico (Salzburger Nachrichten, "Las noticias de Salzburgo") en al autobús. Hoy venía la noticia de la eliminación en portada, con una foto que me ha gustado mucho. En ella aparece el canciller austríaco, Alfred Gusenbauer, abrazando al alcalde de Salzburgo, Heinz Schaden, en el momento en que se da a conocer que Salzburgo queda eliminada después de la primera ronda de votaciones. La cara del alcalde lo dice todo, apenas necesitas leerte el titular para saber qué pasa. Además, al leer la noticia tenía la foto todo el tiempo presente y, sea por una mínima empatía, pues me ha dado pena el pobre hombre.

Es una foto de aquellas de captar el momento justo, de estar ahí, presintiendo lo que va a ocurrir, teniendo el encuadre decidido, la luz medida, el balance de blancos en su sitio... Lástima que no la he encontrado online (de momento) porque si no la hubiera puesto en el post. A cambio, pongo unas cafeteras voladoras... :)


Muchas veces me maravilla esta capacidad que tienen las imágenes para transmitirnos algo. Porque el sentimiento está ahí, dentro de los cuatro márgenes de la foto. Y no sabes muy bien cómo, pero lo entiendes. Las imágenes son un lenguaje, igual que los lenguajes hablados y escritos, pero no se nos enseña a "leer" imágenes. Sabemos interpretarlas, pero lo hacemos de forma inconsciente, casi visceral. Y justamente eso es lo que las hace a la vez tan poderosas y tan peligrosas como medio de comunicación.



Cuando empecé a interesarme por la fotografía me sentía bastante desorientado. A veces, por casualidad más que por destreza, tiraba una foto que me gustaba mucho. Pero no era capaz de decir por qué me gustaba, o qué les fallaba a las demás. En realidad aún me sigue pasando a menudo. Pero la fotografía es un lenguaje, y como todos los lenguajes, tiene sus reglas básicas que nos permiten no sólo interpretarlos, sino también hacer que los demás nos interpreten.



Una de estas reglas es que, a pesar de ser transparente, es muy importante fotografiar el aire. Cuando vemos una foto, en realidad nos colocamos imaginariamente en el lugar donde estuvo la cámara. Pero la cámara no es nuestros ojos. Nosotros vemos mucho más, nuestro campo de visión es más grande, es muy definido en el centro y se pierde hacia los lados. Nuestro cerebro completa las formas, iguala los colores, interpreta las texturas, reconstruye el volumen. Una cámara fotográfica no puede hacer todo eso.


El aire es el medio en el que nos movemos, en el que vivimos, en el que respiramos. Lo damos por supuesto, y miremos a dónde miremos, vemos aire. Nos resulta familiar, tanto que ni nos damos cuenta. Pero cuando no vemos aire, sentimos de inmediato que algo falla, aunque probablemente no sepamos decir qué es. En una fotografía ocurre lo mismo, si hay aire nos resulta familiar, agradable, natural. Si no hay aire, tenemos una sensación extraña, nos ahogamos sin saber por qué.

martes, 3 de julio de 2007

The hills are alive

El domingo pasado fuimos de excursión. La semana pasada nos enteramos que en Filzmoos hacían un evento divertido, el kumm auffi ("sube p'arriba"), y allá que nos fuimos. Resulta que ponen durante toda la semana sofás y sillones en lo alto de la montaña, en los prados, para crear una especie de sala de estar al aire libre al lado del lago ("das Wohnzimmer am Almsee"). Al llegar y ver el cartelito que decía que en dar la vuelta al lago se tardaba unos 15 minutos a pie pensé que era la mejor actividad para mi estado algo resacoso después de haber ido a tomar algo con unos amigos la noche anterior.



Estábamos tan ricamente sentados en este incomparable salón comiendo nuestros bocadillos y tomando nuestros Almdudler, cuando unos cuantos locales empezaron a cantar canciones populares austríacas. O al menos imagino que eran canciones populares, porque otra gente también se les unía, lo cual era alegremente celebrado por los cantores ("nicht nur zuhören, mitsingen" - "¡no os quedéis callados! ¡cantad con nosotros!"). Probablemente se tratara de un coro, porque cantaban en varias voces y lo hacían muy bien. El paisaje, las montañas, los trajes tradicionales, ... parecía que la familia von Trapp iba a hacer acto de presencia en cualquier momento!



Las tradiciones son muy importantes para los austríacos. Uno de los ejemplos más aparentes son los trajes. Tan sólo hace falta pasearse en domingo y es seguro que uno se topa con locales vestidos con lo que nosotros identificamos como el típico traje de tirolés (aunque es común en toda la región alpina): los hombres en Lederhose (pantalón corto de cuero con tirantes) y las mujeres en Dirndl (el equivalente femenino, compuesto de blusa escotada, corpiño y delantal). En realidad no es necesario que sea domingo: pueden encontrarse trajes típicos en todas partes y a todas horas, sin esforzarse demasiado, especialmente fuera de las ciudades. Una vez andábamos un poco perdidos por una carretera estrecha con el coche cuando de pronto nos encontramos rodeados por una boda austríaca: unas 50 personas vestidas con lederhosen y dirndl nos rodearon, señalándonos y diciendo con gran alegría: "Oh! Espania! Espania!" (Sí, todavía teníamos la matrícula española por aquel entonces).




Debo confesar que a veces les tengo un poco de envidia. Porque han sabido conservar sus tradiciones de una forma que se me antoja impensable en España. Donde la mayoría de las tradiciones han sido monopolizadas por los unos o por los otros a lo largo de la Historia. Donde algo tan simple como decir que España es tu país constituye una opción política.

Hay algo que me resulta fascinante en el contraste entre una pareja de ancianos vestidos con sus trajes tradicionales, un adolescente con rastas, un turista indonesio haciendo fotos y una mujer musulmana apresurándose para hacer la comida para su familia. Es cuando veo algo así que no puedo evitar idealismos sobre la tolerancia universal, sobre la hermandad entre todas las gentes de la Tierra. Desgraciadamente no todo el mundo comparte conmigo esta visión. Hay gente (aquí, allá, en todas partes) que no ve con buenos ojos las tradiciones de los otros, y que se aferran a las propias aún más fuerte para defenderse. ¿Un minarete en un valle de los Alpes? ¡De ningún modo! ¿Qué pinta ahí? ¿Qué se les ha perdido aquí? No quieren integrarse. Debemos defender lo nuestro. Se cierran en guetos. No los queremos aquí. Ellos. Nosotros.



Una vez volvía del trabajo en el bus. Un anciano estaba sentado cerca de mí. Un inmigrante, sin duda, seguramente de alguna parte del Próximo Oriente, cansado, una sutil pero innegable tristeza en sus profundos ojos negros. Una chica musulmana subió al autobús. Era muy guapa y llevaba la cabeza cubierta por un velo. Saludó al anciano, se sentó a su lado y empezó a charlar alegremente. Él pronunciaba con cierta dificultad. Ella hablaba animadamente en un fabuloso dialecto austríaco. Ambos estaban hablando alemán entre sí. Después de cinco minutos escuchándolos fascinado, llegamos a la parada de la chica y se bajó del autobús, despidiéndose del anciano con un "Servus! Salaam aleikum!" que a punto estuvo de hacerme saltar las lágrimas.