domingo, 20 de enero de 2008

Sirenas de destrucción

Cada sábado, a las 12 en punto del mediodía, hacen sonar las alarmas de la ciudad de Salzburgo (y, por lo visto, las de cada pueblo y ciudad en Austria) como prueba durante medio minuto. Su sonido, largo y estridente, siempre me ha recordado a las alarmas antiaéreas. De hecho, podría bien ser que sean las antiguas alarmas de la Segunda Guerra Mundial, reaprovechadas como sirenas...

Salzburgo sobrevivió el final de la Segunda Guerra Mundial relativamente bien. Su posición geográfica, muy alejada de las fronteras del Deutsches Reich de entonces, la mantuvieron fuera del alcance de los bombarderos aliados hasta la muerte de Mussolini. Su poca importancia estratégica, en comparación con otras ciudades más industriales como Hallein, Linz o Graz, permitió que fuera más o menos ignorada incluso cuando los Aliados ya dispusieron de capacidad operativa desde Italia.

Los bombardeos aéreos sobre Salzburgo (un total de 15) comenzaron en octubre de 1944. La gente tenía que correr a refugiarse bajo las montañas, Kapuzinerberg y Festungsberg, en los refugios excavados en la roca. La Hexenturm (torre de las brujas), parte de antiguas defensas militares, no muy lejos del actual Schrannenmarkt, fue literalmente borrada del mapa. Uno de los depósitos de agua de la ciudad, en la Mönchsberg, también fue destruido, uniendo así la inundación al caos existente. Una bomba incluso entró en la catedral barroca, perforando la cúpula, pero no llegó a estallar. Se dice que la Virgen hizo un milagro...



Yo supe de los bombardeos sobre Salzburgo por primera vez en un libro que cacé hace un tiempo, una autobiografía del escritor Thomas Bernhard, que pasó su infancia en Salzburgo durante la Segunda Guerra Mundial.

Por suerte, nunca me he tenido que encontrar en medio de un bombardeo, y no tengo ni idea de cómo actuaría. Creo que el miedo me paralizaría por completo, pero espero no descubrirlo jamás. Lo que sí sé es que lo único que queda al final es destrucción, silencio, vacío. Pero nosotros los humanos no parece que aprendamos la lección.



La famosa vista de Dresde desde la torre del ayuntamiento me viene a la cabeza. O la quietud fantasmal del pueblo viejo de Belchite, destruido por las tropas nacionales durante la Guerra Civil y mantenido tal y como quedó como tributo y también como advertencia.

Espero no saber nunca qué se siente al caminar entre las ruinas de tu ciudad después de ser destruida. Pero me imagino que el corazón se debe encoger de forma parecida que al caminar por un bosque después de un incendio forestal. Es una imagen que jamás podré olvidar. Fue en Vespella, cerca de Tarragona. Había subido en bici hasta la cima de la colina, y al otro lado, hasta donde me alcanzaba la vista, no había más que desolación y paisaje lunar. Cadáveres de árboles, ennegrecidos y torturados. Cenizas. El olor a madera quemada. El silencio sobrenatural. Destrucción. El vacío más absoluto.

8 comentarios:

Paco Bernal dijo...

Hola!
Mi primera prueba de sirenas me sorprendió una mañana de domingo y, aunque había escuchado por la radio que se produciría (tienen, por lo menos, el buen gusto de avisarte) no pude evitar que se me encogiera el estómago por un momento.
Cuando estuve en München/Munich me compré un libro con fotografías del que fue fotógrafo personal de Hitler, y había algunas de bombardeos que dejan el alma en vilo.
También las imágenes de Berlín después de la guerra. Ese largo plano aéreo sobre ruinas, ruinas y más ruinas...
Terrible.
Un abrazo,
P.

El Sastre de Ulm dijo...

Sobrecogedor.
Pero olvidar no es bueno. Olvidando, se puede caer en la tentación de repetir atrocidades del pasado.
O, peor aún, realizar sobre el prójimo las mismas atrocidades que otros hicieron con uno.

Alba dijo...

Me gustaría creer que los que las repiten en porque olvidaron las atrocidades pasadas, pero cada vez me cuesta más. En Gaza mueren personas cada día por no poder pasar al hospital donde reciben tratamiento. Acaso no sufrió el pueblo israelí? Creéis que lo han olvidado?

silencio dijo...

aqui en Oak Park, en Illinois, las sirenas son sinonimo de desastre natural, es decir, tornado.

las prueban los segundos martes de cada mes si no recuerdo mal.

un dia nos toco oirlas fuera del periodo de prueba. estabamos en la consulta del pediatra y nos hicieron bajar al sotano del edifico hasta que pasara el riesgo de tornado. toda una experiencia.

Sera Sánchez dijo...

Hola,
soy un nuevo lector de tu blog. Me gusta mucho. Será también otra manera de conocer Austria, porque he leido y visto el teatro de Bernhard (vi hace poco en Barcelona La plaça dels herois) y,uf, es demoledor con sus compatriotas.
Un saludo y felicidades por el blog

Tonicito dijo...

paco, a mi también se me encogía el estómago al principio con las sirenas. Supongo que tenemos demasiadas escenas del pánico de la gente corriendo a los refugios con el fondo de esas sirenas en el imaginario colectivo. Aunque la verdad es que ahora ya apenas si las oigo. A todo se acostumbra uno.

sastre, es precisamente para no olvidar que están ahí lugares como Belchite Viejo o Mauthausen. Visitas incómodas pero necesarias y recomendables.

alba, el pueblo israelí no lo ha olvidado, para eso está el Yad Vashem, la Avenida de los Justos y los muchos memoriales. Pero lo curioso del caso es que los que más se llenan la boca con la Shoah y el Pueblo Elegido para justificar asentamientos y muros no suelen ser supervivientes directos del Holocausto.
También ocurre algo parecido, por desgracia, con nuestra Guerra Civil. Los que la vivieron y sufrieron no la utilizan a la ligera como argumento de quita y pon.

silencio, ¡qué angustia! En un bombardeo se tiene por lo menos alguien a quien mentarle los muertos. En una catástrofe natural del tipo tornado o terremoto... en fin.

sera, ¡bienvenido a mi blog! Thomas Bernhard es un personaje más bien impopular en Austria: algunos lo aclaman como un gran escritor teatral, pero la mayoría le aplican el calificativo de Nestbeschmützer, es decir, aquél que ensucia su propio nido. Y es comprensible, después de leer casi cualquiera de sus obras. Yo leí Heldenplatz (la plaza de los héroes) hace un par de años y me gustó mucho.

¡Muchas gracias a todos por vuestros comentarios!

Mariana Alvez Guerra dijo...

Increible tu blog, me ha gustado mucho, te invito a visitar el mio.

http://sietesirenasvasaquererpecar.blogspot.com

Daniel Pastor dijo...

Interesante artículo, solo una puntualización: las bombas que destruyeron Belchite eran del ejército de la república, no de los nacionales. Un saludo.