jueves, 11 de octubre de 2007

El misterioso poder de la Red

Desde siempre me ha fascinado lo deprisa que los crecimientos exponenciales sobrepasan nuestras intuiciones. Imaginemos que una cierta bacteria se reproduce una vez cada hora, y que comenzamos con una sola bacteria en un bote. Imaginemos que pasado un día, observamos que las bacterias llenan exactamente la mitad del bote. Nuestra intuición nos diría que hay que esperar otro día para que las bacterias llenen el bote completamente, pero en realidad sólo deberemos esperar una hora para que eso suceda. O, aún más increíble, tan solo hace falta doblar una hoja de papel 50 veces sobre sí misma para llegar hasta la Luna.

Una de las propiedades de una red es la bella manera en que saca partido de este hecho. Cada vez que añadimos un nodo nuevo a una red, el número total de conexiones crece exponencialmente. Si tomamos este número como medida del valor de la red, podemos decir que la red aumenta exponencialmente su valor conforme añadimos nuevos nodos. Si el valor de mi conexión depende del valor de la red, es suficiente que me conecte y espere a que otros hagan lo mismo. Tener el único teléfono del mundo nos serviría de bien poco. Pero, ¿y lo útil que es un teléfono hoy en día? La conexión en red hace la diferencia.



Internet es, seguramente, la mayor red creada por la raza humana. Cuando empecé a escribir este blog, me preguntaba cómo conseguiría algún lector porque, ¿cómo iba alguien a encontrarme? Pero sucedió. Al principio miraba los puntitos rojos en el mapa intentando adivinar quién se escondía detrás, y cómo había llegado hasta Und komisch spricht das Murmeltier. Luego empecé a dejar comentarios aquí y allá, luego alguien se pasó por aquí, y otros le siguieron, y más tarde le gusté a alguien y me puso en su lista de enlaces, y así comenzó todo. El crecimiento exponencial inició su despliegue lentamente pero sin vuelta atrás.

Lo más importante aquí es el factor humano. Porque son personas las que se sientan tras las pantallas, sois vosotros quien aporta vida al sistema. Cuando se lee un blog, se tiene la oportunidad de echar un vistazo a través de pequeñas ventanas que personas de corazón generoso deciden abrir a los demás.

He sido lo suficientemente afortunado para conocer a un par de "colegas" de blog, y creo que es una experiencia más que interesante. Porque ya has leído tanto sobre su vida que los conoces un poco. Y las palabras que escriben te hacen sentir de una determinada manera. Cuando los conoces en persona, puede ser que tengas la sensación de estar conociendo a alguien nuevo, porque no sabías de qué color tiene los ojos o puedes sorprenderte de cómo suena su voz, pero la forma en que te sientes al estar con ella es exactamente la forma en que te sientes al leerla. Si disfrutas leyendo a alguien, también vas a disfrutar conversando con él. No deja de sorprenderme cuánto de nosotros mismos dejamos en nuestros blogs. Y también cuánto dicen nuestros blogs acerca de nosotros.



Me gusta la Red. Porque me permite conocer, sea en persona o no, a gente extraordinaria, que me hace reír, pensar, con las que puedo ver a través de sus ojos incluso aquello que me parece ya tan normal que ni siquiera le presto atención.

Me gusta la Red porque la siento como si fuera un organismo vivo. Me gusta la Red porque pone en nuestras manos el increíble poder del crecimiento exponencial.

martes, 2 de octubre de 2007

Ardillas

Siempre me han gustado las palabras. El lenguaje es uno de esos grandes inventos, una de las revoluciones tras las cuales no hay vuelta atrás. La raza humana estaba seguramente destinada a ser inteligente, pero fue a partir que empezamos a hablar, a podernos comunicar los unos con los otros, que finalmente nos despertamos de nuestro largo sueño, con la antorcha del lenguaje en la mano, iluminando con la luz del conocimiento la fría y oscura noche.

Me gustan las palabras. Pero algunas más que otras. En la mayoría de los casos no sabría decir el porqué. Porque suenan bien, o son divertidas. O porque me recuerdan a algo agradable. O porque me traen recuerdos. A veces es simplemente porque son, de algún modo, redondas. Y en ocasiones, porque son perfectas.

He decidido añadir un nuevo tema a mi blog, palabras favoritas, en el que iré comentando, de vez en cuando, palabras y expresiones que me gustan. No prometo regularidad, porque las palabras vienen y se van, pero sí prometo compartirlas con vosotros cada vez que se me ocurra alguna.

Hoy tengo una expresión en alemán que dice: Mühsam ernährt sich das Eichhörnchen.



Que significa, literalmente, "La ardilla se alimenta trabajosamente", y es una Redewendung (un dicho) que viene a significar algo así como "poquito a poquito puede conseguirse mucho", o lo que en catalán diríamos "De mica en mica s'omple la pica" ("Gota a gota se llena la tinaja", en traducción libre).

Me gusta la palabra Eichhörnchen (ardilla) porque es un diminutivo y porque me recuerda a Einhorn (unicornio), aunque no tiene nada que ver con ella. Y me gusta la palabra mühsam, cuando significa "trabajosamente" pero no cuando significa "arduo, difícil". Pero sobre todo me encanta la fuerza visual de esta expresión, porque mühsam describe exactamente la forma como una ardilla se come los frutos secos que se le ofrecen en, por ejemplo, los jardines de Schönbrunn, en Viena.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Evento de la marmota: Rupertikirtag

Hoy, 24 de septiembre, se celebra en Salzburgo el Rupertikirtag, la Fiesta Mayor. San Ruperto de Salzburgo es el patrón y protector de la ciudad y de la provincia de Salzburgo. A pesar que, según Wikipedia, San Ruperto es el 27 de marzo, en Salzburgo se le honra del 20 al 24 de septiembre. Ni idea del porqué.



El Rupertikirtag es bastante interesante, porque todos los museos de la ciudad pueden visitarse gratis, y también porque las escuelas, los bancos y los funcionarios tienen el día libre. Por desgracia no pertenezco a ninguno de estos colectivos, y por lo tanto he tenido que ir al currele como todos los días. Hay una especie de feria (llamada Dult) en las tres plazas que hay alrededor de la catedral. El buen tiempo que tuvimos el domingo fue una tentación demasiado grande para el fotógrafo aficionado que suscribe. ¡En estas ocasiones siempre se encuentran millones de pequeños detalles que fotografiar!





Me gusta el Rupertikirtag. Porque la patrona de Barcelona, La Mercè, se celebra el mismo día. Y la patrona de Tarragona, Santa Tecla, justo un día antes. No es lo mismo, pero me encanta la coincidencia.

martes, 18 de septiembre de 2007

La importancia de las palabras

Si hay algo que me gusta de los austríacos es su sinceridad y lo directos que son al decir las cosas. Sea para lo bueno o para lo malo, no suelen andarse con rodeos y circunloquios. Lo cual es de agradecer, porque entender ciertos eufemismos en una lengua extranjera no es tarea fácil. Como la vez que estaba en la consulta del médico y la enfermera me pidió si le podría hacer un Hahn (que significa pollo o grifo). A pesar que dije que sí por reflejos, acostumbrado a entender las cosas unos segundos más tarde, mi cara debía de ser todo un poema, porque hasta que no tuvo un poco de compasión de mí y pronunció la palabra Urin no comprendí que lo que me estaba pidiendo era una muestra de orina.



Pero me estoy desviando. Decía que en Austria no se andan con rodeos y tienden a llamar a las cosas por su nombre. Como en la noticia que hoy traía el periódico, que contaba que los porteros de uno de los locales pijos de Salzburgo les negaron este fin de semana la entrada a un iraní y a un boliviano porque, en sus propias palabras, "ya había demasiados extranjeros en el local". Sin tapujos. Sin rodeos. Y, cabe añadir, sin vergüenza.

A causa de la desarticulación de una presunta célula terrorista islamista en Viena (que en realidad eran tres zumbados que se dedicaban a proferir amenazas a través de Internet y que, presuntamente, podrían haberse informado sobre cómo habría que hacerlo en el caso eventual que quisieran conseguir explosivos), ciertas voces críticas con el Islam y su presencia en el corazón de Europa han visto cortar el césped bajo sus pies. Poco han tardado los voceros de siempre en hacer acto de presencia en los medios: Jörg Haider desde su feudo carintiano abogando por la prohibición de velos y minaretes y HC Strache, arropado por la élite cultural en Brigittenau, protestando por la construcción de un centro cultural islámico. Es novedoso, de todos modos, que también se les unan ciertos personajes más bien de centro, como el Landeshauptmann (algo así como el presidente autonómico) de la Baja Austria, Erwin Pröll, hace un par de semanas.



A las mezquitas no se les ha perdido nada en la Baja Austria, afirmaba el fulano, porque "los minaretes son algo foráneo (etwas Artfremdes). Y, a la larga, lo foráneo no hace ningún bien a una cultura." Y aquí vamos a detenernos un instante y considerar la elección de palabras. Artfremd es una palabra de difícil traducción. Viene a significar algo extraño, ajeno. Esta palabra no es en absoluto nueva, y tiene connotaciones más bien negativas, puesto que fue utilizada en el pasado, junto con entartet (degenerado) y ungesund (enfermizo, insano), para referirse a obras de arte de pintores de origen judío. En 1937 se inauguró en Munich la exposición Entartete Kunst (arte degenerado), que presentó al público alemán 650 obras de artistas modernos como Oskar Kokoschka, Marc Chagall, Otto Dix o Emil Nolde, seleccionadas por el Ministerio de Propaganda del Reich de entre las 16000 que fueron confiscadas por los nazis. La exposición, a la cual sólo se permitía la entrada a los mayores de edad, pretendía horrorizar al público con la degeneración del arte judío. Curiosamente, con sus más de dos millones de visitantes, se mantiene como la exposición de arte moderno más visitada de la historia de Alemania.

Por cierto, que Pröll podría haber escogido fremdartig (exótico, extraño), vocablo este mucho más inofensivo que artfremd. Aunque leo por ahí que al susodicho también le gusta llenarse la boca con Überfremdung, que viene a significar algo así como "sobreextranjerización", una de las palabras favoritas de la extrema derecha, y que con razón fue escogida como palabra tabú del año 1993 por la Gesellschaft für deutsche Sprache (que es al alemán como la Real Academia Española es al español).



Elección de vocablos a parte, me parece muy triste, muy cerril, y de una pequeñez mental más que preocupante, afirmar que lo foráneo no hace ningún bien a una cultura. ¿Dónde estaría hoy la Baja Austria si en su día no hubieran llegado los "foráneos" celtas o romanos? Aunque más bien creo que el amigo Pröll, en vistas que la profunda ignorancia que identifica Islam con terrorismo tiene el terreno abonado, no hace más que subirse a un tren barato. Con unos compañeros de viaje más que indeseables, todo sea dicho.

Es posible que, como nos decía Paco hace unos días, sea la necesidad de saberse parte de un grupo, de sentirse especial, lo que lleva a estos tardoadolescentes a abrazar la creencia que el gritar Allah Akhbar antes de darle al botoncito les llevará al Paraíso. Tal vez tenga razón y todos necesitemos formar parte de un grupo.



Yo, por mi parte, me siento muy especial cuando me doy cuenta, por ejemplo, que la palabra española zanahoria no se parece en nada a ninguna otra lengua (ni a la inglesa carrot, ni a la alemana Karotte o Möhre, ni a la italiana carota, ni a la francesa carotte, ni a la catalana pastanaga, ni a la occitana pastenaga, ni a la griega καρότο), con la única excepción de la portuguesa cenoura. Cuando me doy cuenta que el "Spain is different" y seguramente también el temperamento español, tan admirado por los locales, tienen sus raíces en Al-Andalus y en el Islam. Cuando escucho la animada conversación telefónica que suele tener un simpático señor con turbante que a veces comparte conmigo el autobús de vuelta a casa y me doy cuenta que, si no se escuchan las palabras sino solo la melodía, podría pasar por malagueño o cordobés.

Es entonces cuando me siento tan orgulloso de ese ADN moro, de esa herencia árabe que todos llevamos en las venas, que es vieja y sabia y que, de saberla escuchar, nos cuenta su historia. Nuestra Historia.