lunes, 20 de agosto de 2007

Vacaciones en Austria (i)

Después de un tiempo de silencio, retomo Und komisch spricht das Murmeltier después del paréntesis vacacional. Hemos estado recorriendo Austria durante dos semanas junto con nuestros amigos D., E. y R.

Voy a someter a mis visitantes a una de esas terribles sesiones de "quedamos en casa y os enseño las fotos de las vacaciones", aunque en este caso cuenta con dos ventajas inestimables: la primera, la sesión será por partes, y la segunda, cada uno puede levantarse y largarse cuando le apetezca sin temor del qué dirán o de hacerme un feo.

Así pues, vamos a empezar con la primera parte del viaje: el monasterio de Melk y Viena.

Melk está cerca del Valle del Wachau. Esta región, situada a orillas del Danubio en la Baja Austria, es famosa por sus albaricoques (Marillen) y por lo bonito de la floración de los albaricoqueros en primavera. La ciudad de Melk es conocida por su monasterio benedictino. Los que hayan leído El Nombre de la Rosa recordaran que el joven aprendiz benedictino de Guillermo de Baskerville era Adso de Melk. Justamente.


Una de las joyas que contuvo la biblioteca es una de las Biblias impresas por Gutenberg, pero los monjes tuvieron que venderla para renovar el monasterio. El estilo barroco, especialmente en el interior de la iglesia, resulta sumamente agobiante.

La segunda parada fue Viena. Con ese curioso contraste entre los excesos imperiales y el pijerío del interior de la Ringstrasse y la encantadora cutrez de ciudad del Este que se respira tan pronto el número de distrito tiene dos cifras. Irremediable visita a los jardines de Schönbrunn, junto con otros muchos millones de turistas de todo color y pelaje, aunque lo compensamos dando de comer a ardillas y pajarillos, y más tarde con las casas de Hundertwasser, con un paseo al atardecer por el antiguo barrio judío (o eso creemos, entre otras pistas, por los nombres de las calles) y con una más que merecida visita al Naschmarkt.


Me decidí por el blanco y negro para Schönbrunn porque así las fotos parecen menos manidas, le dan un aire de época y hasta parece que los turistas desaparezcan.


En el Naschmarkt siempre se descubren nuevas hortalizas que inmortalizar.

Después de pasar dos noches en Viena, partimos hacia la segunda parte de nuestro viaje: el Neusiedler See, el segundo lago estepario más grande de Europa Central, en la frontera con Hungría...

sábado, 4 de agosto de 2007

El alma de una ciudad

Ayer vimos una película, Resist, sobre la historia de la compañía de teatro The Living Theatre. En una de las escenas salía un baile de fiesta mayor en Rocchetta Ligure, un pueblo en el Piamonte. A pesar de no haber estado nunca en ese pueblo, todo resultaba terriblemente familiar: las luces en la calle, las parejas de edad bailando, la música, el escenario, la decoración. Podría haber sido cualquier pueblo del levante español. Una vez más me di cuenta que no somos para nada distintos.

En realidad pensamos esto bastante a menudo. Cada vez que topamos con un grupo de turistas italianos, cada vez que entramos en una tienda o un mercado turco, cada vez que comemos un plato libanés, nos damos cuenta que, de algún modo extraño, todos los puertos del Mediterráneo, Málaga, Beirut, Génova, Túnez, Valletta, Alejandría, Izmir, Palermo, Barcelona, ... son en realidad un solo puerto, viejo y sabio, que hace que sus gentes se sientan más confortables, más en casa, en un ruidoso mercado marroquí que en un elegante café vienés.



El Mediterráneo fue la primera gran autopista de la Historia, y el motivo que llevó a todos los pueblos mediterráneos a hacerse a la mar fue el mismo: el comercio. Y con el comercio vino el intercambio cultural entre gentes muy diversas: las culturas mesopotámica, egipcia, persa, fenicia, judía, griega, latina, árabe y turca tuvieron su origen en sus costas. El Mediterráneo es, en última instancia, la cuna de la civilización occidental tal y como hoy la conocemos.



Las rutas comerciales traen variedad, noticias, tecnologías, ideas, revoluciones. Y todo esto llegaba al punto que creo que constituye el centro, el corazón y el alma de una ciudad: su mercado. Y soy de la opinión que los mercados de hoy en día todavía conservan el alma de antaño. Por eso nos gusta tanto visitar mercados en cualquier parte.



Siempre que estamos en una ciudad, si queremos tomarle el pulso, si queremos oír su respiración, ver su corazón, vamos al mercado. Porque en un mercado de verdad jamás te sientes extranjero. Porque puedes ver a la gente que vive de verdad en la ciudad. Porque puedes juzgar cuán abierta de mente es la ciudad simplemente sentándote en el mercado y observando a tu alrededor. Por eso nos encanta ir al Grünmarkt o al Schrannenmarkt en Salzburgo. Por eso hemos estado en el Naschmarkt de Viena, en el Portobello Road Market de Londres, en el Viktualienmarkt de Munich, en el Winterfeldtmarkt y el mercado turco de Kreuzberg en Berlín.



Y una vez más para confirmar que tu casa es lo que peor conoces, debo confesar avergonzado que nunca he estado en La Boqueria de Barcelona. Pero tengo la intención de cambiarlo muy pronto.

domingo, 29 de julio de 2007

Evento de la marmota: Inauguración del Festival

El Festival de Salzburgo se inauguró el viernes. Para celebrarlo tenemos actos festivos durante todo el fin de semana. Uno de estos actos es la Salzburger Fackeltanz (danza de las antorchas): unas 100 personas bailan en parejas alrededor de la fuente barroca de la Residenzplatz con antorchas encendidas al romper la noche.



Hay algo mágico en las formas que dibujan las antorchas en la noche, con el único fondo de la fuente y los edificios de la Residenzplatz.



Nos esperan cinco semanas de ópera, teatro, famosos, famosillos y famosazos, cappuccino aún más caro en los Cafés y rugientes miembros de la flotilla Audi on stage conduciendo como locos por la ciudad. ¡Bienvenidos al verano en Salzburgo!

sábado, 21 de julio de 2007

Acerca del tiempo y los relojes

A menudo me hacen preguntas que no sé cómo contestar. Por ejemplo, el otro día expliqué en la oficina que el fin de semana anterior habíamos ido a bañarnos a un lago, y me preguntaron por la temperatura del agua. Yo dije que algo fría para mi gusto, pero lo que les interesaba en realidad era la temperatura en grados. Más tarde me enteré que en los baños públicos suelen colgar un cartelito con la temperatura del agua, y de que los austríacos están obsesionados con el tema. Y yo me pregunto, ¿realmente es tan importante? Especialmente cuando estamos hablando de 19 o 21 grados. ¿Qué diferencia hay? ¿Tiene nuestra piel la capacidad de distinguir esos 2 grados, como si fuera un termómetro?

Uno de los hechos que aún me sorprenden de Austria es el concepto del tiempo que tienen. Si el bus tiene que pasar, digamos, a las 07:21 y ya son las 07:23 y aún no ha pasado, empezarás a ver caras enfadadas que miran exasperadas al reloj y sacuden la cabeza. Incluso cuando el bus llega a las 07:24, es probable que alguien se queje al conductor: Sie nehmen von uns Zeit! (¡Nos está quitando nuestro tiempo!).



El tiempo es algo muy importante aquí. Claro, lo entiendo cuando estás yendo a trabajar, a nadie le gusta llegar tarde. Pero lo mismo ocurre por la tarde, cuando vuelven de trabajar. El tiempo que pasan yendo del trabajo a casa o viceversa se considera tiempo perdido. Parece que tienen mucha prisa por llegar, y se decidirán por ir en coche (o en bus, o en tren) si eso les ahorra 3 minutos (!!!) en el camino de vuelta a casa. No lo entiendo. ¿Tal vez sea que tienen algo importante que hacer? No, en realidad la mayoría de ellos sólo quiere llegar a casa para tumbarse en el sofá, tomarse una cerveza y mirar la tele. Así pues, ¿son realmente necesarios esos 3 minutos? ¿Por qué parece que siempre tengan prisa? Y, lo que es más importante, ¿por qué persisten en empujarnos con el carro de la compra en la cola del supermercado? :)



Incluso cuando quieres quedar con un amigo se dice Hast du Zeit am Samstag? (¿Tienes tiempo el sábado?). El tiempo es un bien muy preciado aquí, y la pregunta ¿Tienes tiempo? pone el acento precisamente en la importancia del recurso tiempo. ¿Quieres gastar algo de tu preciado tiempo conmigo? En realidad creo que es un tema anglosajón, porque la expresión inglesa to spend time (literalmente: gastar tiempo) resulta también significativa. Se gasta el tiempo igual que se gasta el dinero.

No puedo imaginarme proponiendo una cita a un amigo mío diciendo: ¿Tienes tiempo el sábado? Diría sencillamente: ¿Quedamos el sábado? Es una diferencia pequeña, pero el acento no está en el tiempo como recurso, sino en el hecho que quiero encontrarme contigo. Me parece que la forma cómo hablamos depende de la forma en que pensamos. Al final del día, en Austria, habrás escuchado la palabra Zeit muchas veces.



Supongo que me sorprendo porque provengo de un país del Sur. Porque ahí el tiempo no es tan importante, es un concepto más flexible. Y tengo la impresión, de todos modos, que Austria está más o menos en el medio, que la cosa empeora cuanto más al Norte se vaya.

Una vez conocí a una chica saharaui que me contó que la gente del desierto tienen un dicho muy sabio: "Los europeos podéis tener los relojes. Nosotros tenemos el tiempo."